domingo, 29 de junio de 2008

Gattaca



Es impresionante descubrir filmes como este, de ciencia ficción inteligente, con un buen guión, que plantea preguntasa los espectadores, pero sin caer en el aburrimiento o en la hard-cifi, películas cuyos planteamientos filosoóficos o científicos son demasiado densos como para que el público normal pueda seguirlas con interés.
Dirigida en 1997 por Andrew Nicol, cuenta la historia de Vincent (adecuado Ethan Hawke) un joven que nace concebido de modo "tradicional" en un futuro no muy lejano, donde los padres pueden elegir a sus hijos: el sexo, el color de cabello y de ojos, y dotarlos de lo mejor de la genética, evitándoles, desde que nacen, enfermedades, miopía, malformaciones, calvicie... Vincent, es, sin embargo, un niño completamente normal, con todos los defectos (y virtudes) de un niño tradicional. Además, ya desde el momento de su nacimiento se le diagnostica una incapacidad cardiaca, que le da una esperanza de vida no superior a los treinta años. No es igual su hermano Anton, hermano pequeño que parece mayor, pues si fue concebido "in vitro", con todos los dones y ventajas, un auténtico atleta y super hombre, que siempre gana todos los juegos.
La única cosa que salva a Vincent de caer en la desesperación es su sueño de ser astronauta, sueño que todos le dicen que no puede alcanzar, ya que su dolencia le incapacita. En este futuro, la personalidad y la inteligencia dejan de tener importante, y no se hace prueba alguna a ningún candidato, salvo saber si es o no un "nacido perfecto", un válido, como los llaman. Vincent acaba desesperándose y huye de su hogar, yendo a trabajar como limpiador a Gattaca, la escuela de astronautas desde donde contempla los lanzamientos de naves al espacio. Allí comprobará que es prácticamente imposible que alcance su sueño, por mucho que se esfuerce: nadie valorará ese esfuerzo, solo la forma en que nació. Finalmente, recurre a un misterioso hombre que puede "trucar" sus análisis, y darle sangre de un válido caído en desgracia, Jerome Morrow (excelente Jude Law).

Vincent a punto de cumplir su sueño

Jerome era un destacado atleta y nadador, que tras sufrir un accidente ha quedado supeditado a su silla de ruedas. Convertido en inválido, su única forma de sobrevivir es vender su identidad a los no válidos que deseen utilizarla para llegar más lejos. Así, Vincent se convertirá en Jerome, usando su sangre y su orina en las distintas pruebas para llegar a ser admitido en Gattaca, donde enseguida destacará, y en un año le es adjudicado el privilegio de volar a Titán, un misterioso satélite. Cuando aprece que está a punto de conseguir su sueño de abandonar el planeta, un asesinato atrae a la policía a Gattaca, corriendo grave peligro de ser descubierto, y conocerá también a una compañera, Irene (espléndida Uma Thurman) de la que se enamorará, y a la que poco a poco, irá dando pistas de su auténtica condición de no válido...
¿Hasta donde existe el alma humana? ¿El espíritu de superación, los sueños y aspiraciones, el impulso se sacrificio y esfuerzo, reside todo ello en los genes? Gattaca nos dice que no, que el hombre, no puede alcanzar la perfección a ningún nivel sin que ello le cueste un precio. Véanse si no esas ordenadas filas de trabajadores de Gattaca, como robots, todos perfectos, altos, delgados y guapos, como si del sueño de Hitler hecho realidad se tratase. Robots fríos, autosuficientes, arrogantes y fríos, un mundo de apariencia donde los válidos gozan de lujo, comodidad y buena posición, sin haber ganado nada de ello, ni haber luchado por eso, mientras los "hombres" tradicionales se dejan la piel como limpiadores y ciudadanos de tercera clase, supeditados a sus genes imperfectos, pero en ellos laten los sentimientos, las ilusiones y el verdadero espíritu humano.
Una película pequeña, sin efectos especiales, sin complicados fuegos de artificio, solo una historia sobre personas, sobre la discriminación el el futuro, que seguirá siendo igual de lamentable que hoy, pero basada en otros cánones de perfección. Sobre cómo una sociedad establecida en torno a la sangre "pura" resulta ridícula y vacía, puesto que sus miembros son imperfectos y pueden llegar a ejercer la violencia para conseguir sus fines, sin escrúpulo, gozan de todo lo que desean sin habérselo ganado; y aquellos que son marginados pueden engañarles, igualar sus logros y por supuesto, superarlos. Atención también al gran mensaje de la película (no se puede jugar con la naturaleza durante mucho tiempo) propiciado sobre todo por el estupendo secundario Xander Berkeley.
Una de las últimas obras maestras de la ciencia ficción que nos deparó el siglo XX. Esperemos que, dentro de un siglo, ese "futuro no muy lejano" no haya llegado todavía entre nosotros.

sábado, 28 de junio de 2008

Orca, la ballena asesina



Esta lujosa producción "made in Laurentiis" tiene en su contra el haber sido vendida como una explotation de Tiburón (lo es, realmente, pero a niveles muy diferentes que todos los filmes italianos sobre monstruos marinos) con un terrible monstruo asesino. Pero aquí, el monstruo no es el malo, ni el que rompe el orden establecido. El principal responsable de los hechos aquí sucedidos es, por supuesto, el hombre.
Concretamente, un rudo pescador, Nolan (el carismático Richard Harris) un hombre insensible e inculto, dueño de un barco pesquero, que al avistar un grupo de orcas, decide capturarlas para venderlas a algún acuario. Por desgracia, la primera orca que trata de atrapar es hembra embarazada, que pierde a su cría accidentalmente mientras es capturada. Nolan, desesperado ante la visión del feto muerto, libera a la ballena, que será arrastrada por su compañero macho, que intenta salvarla. Sin embargo, la orca muere, y su compañero decidirá emprender una sanguinaria venganza contra Nolan...
Desde el principio asistimos con tristeza a la pérdida de la familia de la orca macho, pero tampoco somos indiferentes a la tragedia del pescador, presa del miedo y los remordimientos por lo que ha hecho, acudiendo incluso a la iglesia a buscar consuelo. Además, su esposa y su hijo murieron años atrás, en un accidente automovilístico por culpa de un conductor borracho. "Ahora, yo soy el conductor borracho", le dirá con tristeza a Rachel (Charlotte Rampling) la científica experta en orcas que supone todo lo contrario que Nolan, siendo una mujer moderna, inteligente y sensible, que comenzará despreciando al pescador y acabará ayudándole, visto que el hombre siente de verdad lo que ha hecho. La orca comenzará a matar a toda su tripulación, y después, a destruir todos los barcos de la ciudad, retando a Nolan a enfrentarse en mar abierto. Este por supuesto, se negará, pero los ciudadanos, que están perdiendo sus casas y sus barcos, obligarán al pescador a ir en busca de la orca. En la expedición le acompañarán Rachel y un indio que aporta el contrapunto de misticismo necesario, sin caer nunca en el ridículo (Will Sampson).

Nolan intenta conseguir el perdón de la orca

La historia podría haber sido una auténtica ridiculez, un pastiche desenfrenado y absurdo, pues la película está construida sobre la base de que un animal puede sentir deseos de venganza. Aquí se nos presenta a las orcas como seres con cerebro casi humano, con sentimientos, capaces de reflexionar y de sentir emociones complejas. Sin embargo, la bonita fotografía, unos actores que cumplen estupendamente (reseñando especialmente a la pareja protagonista) y sobre todo, una maravillosa y emotiva banda sonora de Ennio Morricone, todo ello provoca que nos metamos realmente en la historia, deseando que se llegue a un final feliz, tanto para la orca agraviada como para el atormentado pescador.
Convertida en mítica, sobre todo gracias al videoclub y al disfrute en el formato doméstico, algunas de sus escenas han pasado a ser históricas en el subgénero de terrores marinos, desde el feto encharcado en sangre que cae sobre la cubierta al ataque de determinada intérprete femenina, bastante popular en los ochenta. Con todo, sin ser ninguna obra maestra, si que puede considerarse una de las pocas películas excelentes nacidas al abrigo de "Tiburón" de Spielberg, quizás la única película realmente digna junto con "Piraña" de Joe Dante, que nos llegó en la década de los ochenta.

Jovenes ocultos



Poco puede decirse de este filme de Joel Schumacher que no se haya dicho ya. Está próximo su remake, del que, en los tiempos que corren, poco o nada se puede esperar. El original es una historia fresca, entretenida y sin complejos (ni complejidades) una de las primeras películas de vampiros adolescentes (precedida por Noche de miedo). Ese mismo año se estrenaba la más oscura (e interesante) "Los viajeros de la noche", que contó con una campaña publicitaria mucho menor. El presente filme siempre ha sido mucho más popular que su gemelo oscuro, pero, dentro de sus "ochenteras" pretensiones, no está nada mal.
En el prólogo, un guardia de seguridad echa de un aprque de atracciones a unos oscuros matones juveniles, para después ser asesinado por unos seres a los que no vemos.
Tras un duro proceso de divorcio, Lucy Emerson (Diane West, tan dulce y adorable como siempre) se muda a Santa Carla, la "capital criminal del mundo" con sus hijos, Michael (Jason Patric) y Sam (Corey Haim) a vivir a casa de su padre, un solitario y excéntrico anciano que se dedica a disecar animales. Allí, en el ambiente nocturno y festivo del parque de atracciones, cercano a la playa, los dos hermanos se verán seducidos: Sam, por una enorme tienda de comics, de cuyos dueños, los jóvenes hermanos Frog (Corey Feldman es uno de ellos) se hará amigos, y el mayor, Michael, de una exótica y misteriosa muchacha que corretea por el parque todas las noches con un niño, Estrella (Jami Gertz) yq eu es la novia del líder del grupo de motoristas, David (Kiefer Sutherland). Este reta a Michael a una carrera de motos que acaba en el borde de un acantilado. Tras superar la prueba, Michael les acompaña a su guarida, en una enorme cueva subterránea, donde se divertirán sugestionándole y le darán de beber un líquido rojo. Michael no volverá a ser el mismo, y solo su hermano Sam le será fiel, intentando ayudarle junto con sus amigos (en realidad, dos patéticos caza vampiros)...
Lo primero que sorprende es su estética, profundamente enclavada en los ochenta, visual y referencialmente. Parques de atracciones plagados de punks, motoristas y decenas de tribus urbanas, imposibles tiendas de cómics regentadas por auténticos "freaks" en la materia, videoclubs que todavía son frecuentados por numerosas personas, en lugar de ser las tristes tiendas donde venden pan, leche y patatas, hoy en día... para cualquiera que viese la película en su época, la película le supondrá una auténtica ola de nostalgia. Para un espectador actual, sin perjuicios ni a favor ni en contra, le sonará algo "hortera" tanta gente con esas ropas y esos peinados, pero le proporciona a la película un aura de rebeldía que sigue haciendo bien.

Los jóvenes ocultos

Todos los flancos resultan más o menos interesantes, excepto quizá el de Sam y sus amigos, que al ser más jóvenes acumulan un vocabulario y unas conversaciones muy propias de la época, que pueden llegar a cansar un poco, pero sin que esto llegue a perjudicar la película. Pero sin duda lo más interesante es la extraña relación que se establece entre Michael y sus nuevos y raritos amigos. El hijo mayor comienza a llevar gafas, se pone un pendiente y comienza a dormir casi todo el día y a salir de noche, y a tener un aspecto pálido, sudoroso y agotado, casi como si de un drogadicto se tratase. El misterioso David, que comanda a la pandilla de melenudos vampiros, parece, desde el principio, tener sus planes para con el muchacho, conduciéndole al interior de la vida vampírica con ayuda de su prisionera/compañera Estrella (nunca queda claro si David siente de verdad algún interés romántico por ella, o si solo la utiliza para captar nuevos adeptos).
Por otro lado, la segunda trama que parece superflua al principio, pero se va convirtiendo en algod e capital importancia, es la de Lucy, la madre de los chicos, y su nuevo interés amoroso, Max, el afable dueño del videoclub donde ella trabaja, que acabará siendo uno de los personajes más interesantes. Durante la cena de este en casa de los Emerson tiene lugar la escena cómica de la cena, donde Sam y sus amigos humillan al pobre hombre intentando averiguar si es uno de ellos.
No son gratuitos los paralelismos con "Peter Pan", el cuento de barrie, desde el mismo título original, Los chicos perdidos, a la trama, donde un grupo de muchachos viven eternamente
(o sea en el pais de Nunca Jamás) supeditados a un adulto ambiguo, parte figura paternal, y parte figura amenazadora.
Por otra parte, los vampiros son aquí muy similares a los de toda la vida, aunque en lugar de dormir en ataúdes lo hacen colgados del techo, y el ajo no tiene efecto alguno sobre ellos. Tampoco se ven crucifijos en el filme, pero si una delirante escena donde Sam y sus amigos llenan sus pistolas de agua... bendita.
Sin demasiadas pretensiones, bien dirigida y lo bastante entretenida y bien rodada para resultar un bocado apetecible, todavía hoy en día. Sin llegar a ser parte de una de las mejores películas del subgénero vampírico, si es una de las más agradables, algo así como "Un hombre lobo americano en Londres", donde la hibridación de comedia y terror no está ni mucho menos tan mal llevada como en el film de Landis. Se rumoreó hace tiempo una secuela, "The lost girls" que supuestamente, presentaría a un grupo de chicas vampiro, pero lo que pronto nos llegará es el remake, del que uno, personalmente, no espera gran cosa...

King Kong



Siempre me ha resultado particularmente fascinante este remake del "King Kong original", quizás por ser una de las primeras películas que recuerdo haber visto en mi infancia. En cualquier caso, si bien está lejos de ser una obra maestra (ni siquiera una película redonda está muy lejos de ser el bodrio que la mayoría insiste en ver en ella.
Dino de Laurentiis siempre fue un hombre experto en el arte de sacar oro debajo de las piedras, despuntar siempre con películas mínimamente destacables, y tenía un envidiable olfato para "adivinar" lo que el público podía querer ver. Fue para las superproducciones lo que Roger Corman para la serie B, salvando las distancias.
Así, en plenos años setenta, donde parecía que el cine de aventuras volvía a estar de moda, probablemente gracias a películas "de catástrofes" como "La aventura del poseidon" o "El coloso en llamas" (dirigida por John Guillermin, director del remake que nos ocupa) un remake de la obra maestra de la RKO (una de tantas) "King Kong" debió ser un plato especialmente apetitoso para el productor. Así, reunió un impresionante equipo técnico y artístico para dar forma a lo que se pretendía, iba a ser el no va más del cine de aventuras.
Fred Wilson (adecuado Charles Grodin) es el codicioso mandamás de un monopolio del petróleo, la Petrox Company, que atraviesa una escasez que la amenaza con llevarla a la quiebra. Tras sobornar a algunos políticos, consigue una información sobre una isla, nunca pisada por el hombre, rodeada por una cortina de humo que puede ser producida por las emanaciones del oro negro. Wilson fleta un barco en el más absoluto secreto y parte a la isla, en oriente. Al barco llegará Jack Prescott (irreconocible Jeff Bridges) un polizón ex universitario, bohemio y ecologista, que tiene ciertas informaciones sobre la isla. La banda sonora de John Barry (uno de los puntos fuertes del filme) adquiere tintes de épico misterio cuando Prescott relata a la tripulación lo que ha averiguado de esa isla, y lo que podría esperarles allí. Poco después, el barco rescata a una muchacha en un bote salvavidas, que ha sobrevivido a un naufragio. La joven aspirante a actriz, Dwan (Jessica Lange, gran descubrimiento de la película) que se unirá a la tripulación.

Prescott explica a Wilson y a su tripulación lo que se van a encontrar

A su llegada a la isla, encontrarán una enorme y antiquísima muralla, construida por los habitantes de la jungla, un grupo de nativos alejados de la civilización que hacen sacrificios a un dios supuestamente imaginario "Kong". El sacerdote, al ver a Dwan, exige que les sea cedida como relago para su Dios, a lo que por supuesto, se niegan. De vuelta en el barco, Dwan es secuestrada por los nativos, y la banda sonora alcanza sus cotas más altas al compás de los pasos del gorila gigantesco que se acerca a la chica, atada en el muro...
El principal problema del filme es a nivel técnico, y culpa de las prisas. Tiempo atrás, RKO, poseedora de los derechos, los había prometido a Universal, que deseaba hacer un remake (llegó a sonar el nombre de Barbara Streissand). Pero la RKo cedió los derechos a De Laurentiis, lo que propició litigios que se extendieron durante todo el rodaje y más allá. Aquella "pelea de colosos" propició que Dino y Guillermin tuvieran que apresurar el rodaje, por miedo a que el filme que la Universal amenazaba con rodar llegase a las pantallas antes que el suyo. El modelo gigante de King Kong, construido por el especialista italiano Carlo Rambaldi, costó una suma de dinero excesiva, dada su raquítica movilidad y su escasa utilización durante el film (solo dos escenas, aquella en que Kong aparece atado y enjaulado con bastante mal gusto, durante el espectáculo, y cuando aparece muerto en la plaza del World Trace Center). El resto del metraje, se trataba del también especialista en maquillajes Rick Baker, que confeccionó el disfraz de mono y la máscara tras asistir a diversos zoos para "inspirarse", y fue rodeado de maquetas. El resultado no es todo lo negativo que algunos afirman, aunque es cierto que los efectos especiales "cantan" que da gusto hoy en dia.

Los protagonistas se internan en Isla Calavera

Una vez el gorila gigante es aprisionado por Wilson y los suyos, y trasladado a Nueva York, termina la parte del filme que era de aventuras, una parte que era visualmente hermosa y la banda sonora sonaba como no volverá a sonar. Es la parte de la película donde residen la magia, el misterio, la aventura. La siguiente parte de la película, la que transcurre en Nueva York, es mucho más discursiva y no deja de ser interesante: Kong ha dejado de ser el Dios de los nativos, enjaulado, es mostrado ante miles de personas extasiadas, en medio de una exhibición que rezuma humillación para el antaño adorado Kong. Prescott se desentenderá del asunto, acusando a Wilson de haber hecho prisionero a un animal único, e incluso dona el dinero que recibió a una sociedad que pretende devolver al gorila gigante a su hábitat natural. El joven Prescott tratará de llevarse consigo a la joven (que es igualmente exhibida, atada, en una burda reproducción del momento de su captura) y vagarán por las calles de Nueva York, perseguidos por el gorila, que quiere a Dwan. Esta parte es claramente deudora del cine catastrofista, con gente corriendo, sufriendo o aprovechando la coyuntura para saquear comercios, como si reinase el caos más absoluto.
Al final, la bestia escalará el World Trade Center, que le recuerda a las grandes rocas donde le fue entregada Dwan, y allí será acribillado por modernos helicópteros, pese a que Prescott ha hecho un trato con las autoridades de la ciudad para que el gorila no sea dañado; una escena brutal y sangrienta donde el mono cae entre las dos torres, y una multitud se lanza contra él, como si de carroñeros se tratase (escena además real, rodada con espectadores voluntarios que despedazaban a Kong entre toma y toma, en un intento de llevarse "un recuerdo").
Quizás lo que más desilusiona sea ver desaparecidas aquellas peleas con dinosaurios, aquí, suplidas por una lucha bastante sosa con una serpiente gigantesca que parece de peluche...
Nadie pretende ver aquí una obra maestra. Los aspectos ridículos de su trama y sus anticuados efectos especiales lo impiden, pero el filme cuenta con un guión interesante (de Lorenzo Semple Jr, creador de la serie "Batman") unos actores soberbios, una banda sonora espectacular, épica, que debería pasar a los anales de la música cinematográfica, y una espléndida fotografía.
El filme gozaría (es un decir) de una secuela diez años después, de nuevo con De Laurentiis como productor y John Guillermin como director, con una novata Linda Hamilton supliendo a Jessica Lange. Con un comienzo prometedor, se convierte en pocos minutos en uno de los peores filmes jamás rodados, que más parece una vergonzante y vulgar explotation italiana, que una película nacida de la unión de los artífices del remake original...

sábado, 21 de junio de 2008

Hellraiser III: Infierno en la Tierra



En 1994, la saga Hellraiser, iniciada con bastante éxito por Clive Barker en 1987, llegó ya con esta, la tercera entrega, a perder los mínimos de calidad exigibles para este tipo de filmes, cayendo en picado y hundiéndose en los abismos de la (mala) calidad telefílmica. Tenemos un guión de Peter Atkins, supuestamente capacitado por ser colaborador de Barker, y que se había encargado ya del guión, no del todo despreciable, de la primera secuela "Hellraiser II: Hellbound".
Los derechos de la saga caían sobre New World, productora americana de Roger Corman que había distribuido la primera y segunda entrega en los Estados Unidos, pero dicha productora quebró, y los derechos cayeron en el olvido, de modo que no hubo secuela en seis años. Cuando una nueva productora, Dimension, resurgió con los restos de New World, se puso en marcha esta secuela, que estuvo al cargo de Anthony Hickock, un director discreto y bastante mediocre.
Contando tan solo con Doug Bradley como único punto de contacto con los anteriores equipos artísticos, la película narra la historia de una joven periodista, Terry, que desea salir de las noticias banales en las que está metida, y que encontrará en los pasillos de un hospital a un joven destrozado por unas cadenas. Seguirá su rastro hasta "La caldera" un local de moda cuyo dueño, JP Monroe, es un transunto del Frank Cotton de los primeros filmes, un tipo chulo, que trata con desprecio a las mujeres y que lleva una vida de banalidad y placeres materiales. Compra una estatua que halla en una tienda de anticuarios (vista al final de la previa secuela) donde, además de estar Pinhead atrapado está la caja, la Configuración del Lamento, que el muchacho del hospital se apropió. La casa llegará hasta Terry por medio de la novia del chico, Joey, mientras Pinhead vuelve a la vida tras un accidente involuntario que le da sangre, y ofrece a Monroe un mundo de placeres inimaginables si le lleva víctimas que le saquen de su prisión con su sangre...
Como vemos no hay nada nuevo bajo el sol. Otra historia de muchacha inocente, ignorante de los mundos que se abren en los espacios siderales y de los placeres que ostentan los sacerdotes de esos mundos, cuya vida se ve alterada por la presencia de la caja. Por otra parte tenemos a un hombre sin escrúpulos que venderá su alma al Diablo, por así decirlo, a cambio de esos placeres sin límites que le son ofrecidos por Pinhead, aquí indiscutible héroe de la función.

Monroe observa la extraña escultura que contiene a Pinhead

Pero aquí, ni la joven aparenta tanta inocencia, ni es tan desprevenida como la Kirsty Cotton de los filmes precedentes, y el hombre que realiza el pacto mefistotélico es un chulo sin personalidad, dueño de una discoteca de moda, incapaz de hacer sentir nada al espectador salvo ganas de que sea liquidado pronto, lejos del misterio que rodeaba a Frank Cotton en las anteriores entregas. Aquí es todo pueril, y cualquiera que se cruce con Pinhead puede verse convertido en cenobita, como si de una simple infección vampírica se tratase; no importa en absoluto que clase de persona que sea, que tenga o no acceso a la caja, que merezca o no dicha ascensión. Así, la supuesta "novedad" que ofrece esta tercera entrega es sacar a los cenobitas a la calle, para provocar un montón de sangre, pánico y aburrimiento. Pinhead camina entre el fuego y los cadáveres, soltando chistecitos a lo Freddy Krueger, y hasta tiene tiempo para alimentar al sacerdote de una iglesia cristiana con su carne, como una comunión oscura y completamente carente de sentido, una escena más, amarrada a la que la precede y la que la continúa sin ningún tipo de importancia o evolución narrativa.
Pero aún queda el ridículo asinto del doble de Pinhead: si en la anterior secuela descubríamos que los cenobitas tenían un pasado humano, y que su líder había sido un soldado llamado Elliot Spencer, aquí aparecera la "personificación" de Spencer cuando Terry empiece a jugar con la caja, y conminará a la chica a ayudarle a acabar con su "mitad" cenobita, algo completamente absurdo, un comodín ridículo sacado de la manga para añadir metraje y sacar al actor Doug Bradley sin maquillaje, y propiciar también una escena en que ambos (Pinhead y Elliot Spencer) se funden en un solo cuerpo, que si bien en otras circunstancias podría haber sido algo muy interesante, aquí no es más que una excusa para mostrar efectos especiales.
En definitiva, un filme fallido que abocaría a las sucesivas entregas de la saga a repetir esquemas, en lugar de explorar el mundo cenobita desde otras perspectivas, lo que podría haber dado lugar a infinidad de secuelas muy interesantes. Se prefirió, sin embargo, convertir a los cenobitas en protagonistas de las películas, payasos infernales cuya "profundidad" era risible en comparación con los del primer filme, y sus protagonistas humanos siempre fueron "héroes" o heroinas ajenos al mundo cenobita, u hombres oscuros y de aviesas intenciones que tratan de atravesar las barreras entre los mundos. En cuanto a "Hellraiser III: Infierno en la tierra", es una peliculita de serie B que bordea el ridículo sin tener absolutamente nada que aportar.

The Haunting



Robert Wise es un artesano, cuyos trabajos enclavados en cine son bescasos, pero realmente magistrales: ya sean sus piezas de ciencia ficción "Ultimatum a la tierra" y "La amenaza del Andrómeda" o es esta magnífica obra capital del cine de terror, absoluto exponente de referencia en su subgénero, las casas encantadas. Junto con otros filmes como "La leyenda de la mansion del infierno", "Suspense", "El resplandor" o "Al final de la escalera" conforma un filme no solo de capital importancia para el posterior cine fantástico, sino por sus mismos valores y por la fascinación que es capaz de causar hoy en día, siempre y cuando se deje el espectador llevar por su ambientación malsana y gótica, y no espere una cinta de espectros tenebrosos y sangrientos asesinatos de ultratumba. Aquí, todo es sugerido, absolutamente sugerido, y por todo ello, mucho más terrible.
Basada en una novela de Shirley Jackson que lamento desconocer, se nos cuenta la historia de la tenebrosa Casa de la Colina, una casa cuyo dueño la construyó para su familia, con tan mala suerte que perdió a su primera y segunda esposa en terribles accidentes, falleciendo él también en la casa, y posteriormente su hija, que murió por culpa de la negligencia de la enfermera que la cuidaba, la cual no le prestó los debidos cuidados.
Actualmente, la casa pertenece a una distinguida familia que no la habita, pero uno de sus herederos espera entrar en posesión de esta pronto. El doctor Markway pedirá a esta familia que le presten la casa para realizar un experimento sobre los supuestos sucesos macabros que se suceden en la casa, para lo cual contará con un equipo de dos personas con poderes extrasensoriales: la joven y frágil Eleanor (Julie Harris) y la áspera y franca Theodore (Claire Bloom). Al grupo se unirá el cínico y escéptico futuro heredero de la casa, Luke (Russ Tamblyn).
De todos ellos es Eleanor quien se erigirá el personaje más fascinante, y los acontecimientos se nos muestran a través de sus ojos. Eleanore es una joven dependiente y psicológicamente débil, inestable. Vive en un entorno hostil, supeditada a su hermana y a su repelente familia, que le impiden cualquier movimiento para desarrollarse, negándose siquiera a prestarle el coche para el viaje, pese a que Eleanor pagó la mitad de su importe. Sabremos que la chica tuvo que cuidar durante años de su madre enferma, y que esta murió, quizás, por su despiste.
Una vez llega Eleanor a la casa se encontrará con una hostil pareja que cuida de la comida y la limpieza, pero que la advierten de que ellos no se quedan por la noche, y que nadie podrá ayudarles si sucede... algo. El ambiente comienza a cargarse de amenaza.

El grupo se prepara para hacer frente a lo desconocido

El resto de la película es una sucesión de momentos extraordinariamente conjugados, todos sirven de hilo conductor para realizar un examen psicológico de la pobre muchacha, que llegará a entablar una relación de dependencia amor/odio con su compañera Theo, muy segura de si misma, para más tarde enamorarse (o convencerse a si misma de que está enamorada) del doctor Markway, el cual (quizás) no se da cuenta de sus sentimientos, o (quizás) no le revela que está casadado para que Eleanor no se vaya, y así su experimento se eche a perder. Poco a poco, pequeños detalles van enturbiando la atmósfera: una escalera de caracol que está a punto de derrumbarse, el nombre de Eleanor misteriosamente escrito en la pared, un misterioso accidente en la barandilla de una terraza, o unos brutales golpes de "algo" que parece dirigirse a la habitación donde se encierran Theo y Eleanor, sin que los dos hombres se percaten de ello...
Todos estos incidentes quedan relegados a segundo plano. Porque lo que importa no son los sucesos fantásticos, ni los supuestos fantasmas que podrían habitar la casa, ni qué quieren o quienes son, ni si son entidades malignas o simples espíritus atormentados y atrapados en la mansión, lo que importa es la persona de Eleanor, que podría ser muy bien la que "provoca" subconscientemente los fenómenos. Auto sugestión, o quizás simplemente imaginaciones de los protagonistas, incluso el escéptico joven rico que contempla los sucesos con una pose de diversión acabará aceptando aterrorizado que la casa de la colina está encantada...
Wise filma los planes de la casa desde el exterior con una velada amenaza de un misterio insondable, y los planos de sus pasillos con ángulos de cámara retorcidos, aberrantes, que contribuyen a crear esa gran sensación de desasosiego.
Y en realidad, eso es todo, lo que no es poco. No hay asesinatos, ni sangre, ni terribles espectros con ansias de venganza. Los espíritus de la casa de la colina no se manifiestan nunca abiertamente, desconocemos si son entes lujuriosos, aunque no necesariamente letales, como los de "La leyenda de la mansion del infierno" o si son entes torturados en busca de justicia o de paz. Nunca "vemos la cara" a estos fantasmas, solo unos pocos sucesos aislados. Al final, cuando aparezca el "The End" la casa encantada habrá añadido ya varias páginas a su historia...
The Haunting no tuvo secuelas, aunque si "gozó" (es un decir) de un remake a finales de siglo, dirigido por Jan de Bont y que contaba con Catherine Zeta Jones y Liam Nesson, siendo un auténtico horror, un filme vacío al servicio de los efectos especiales y de las caras famosas que pueblan cada fotograma, sin que parezca importar mucho la historia, e incluso el guión sufre garrafales fallos de omisión, presentando personajes que desaparecen sin que se les vuelva a nombrar, o poniendo a un personaje bajo un prisma y luego cambiarlo completamente de motivaciones y personalidad, sin que esto lleve ninguna explicación... la "The Haunting" original es un absoluto clásico de su época, de todas las épocas.

Buffy La cazavampiros



Siendo como soy un fan de la serie (o de parte de ella) me acerqué a la película con algo de temor, pues había oido hablar de la verdadera infamia que supone para el subgénero vampírico, a pesar de contar con gente competente, como Donald Sutherland o Rutger Hauer, y un guión (aparentemente) de Joss Whedon. Los resultados son todavía más pésimos de la esperados. Si Sarah Michelle Gellar me había parecido una Buffy correcta y bastante simpática, aunque limitada como actriz, no puedo más que alabarla después de ver a Kirsty Swanson en este filme.
La historia comienza con un breve prólogo donde una joven cazadora se enfrenta a un terrible vampiro, falleciendo en el acto. Su entrenador, jefe de una especie de secta que debe proteger a la cazadora, augura la próxima aparición de otra cazadora.
1992, en Los Angeles conoceremos a Buffy Summers (inexpresiva Kirsty Swanson) una chica superficial y estúpida, animadora del instituto, que dicta las modas que van a llevarse junto a sus amigas, tan estúpidas como ella. No duda en humillar a un par de jovenzuelos vagabundos (David Arquette y Luke Perry, casi nada) porque intentar ligar con ella. Pero la cosa va a cambiar cuando siente que la sigue un misterioso hombre, que resultará ser Merrick (Donald Sutherland) su guardián y entrenador. Él la advierte que es la elegida, la única que puede acabar con los vampiros. La muchacha, obvio es, no la cree, pero la llegada de una más que risible troupe de chupasangres, liderados por Lothos (Rutger Hauer) que empezarán a hacer estragos entre los jóvenes de la localidad. Buffy tendrá que comenzar un arduo entrenamiento bajo la supervisión del estricto Merrick, y contará, a la hora de la verdad, con la ayuda de Pike (horroroso Luke Perry) cuyo amigo ha sido convertido en vampiro...
No sabría por donde empezar. Esforzándome en ceñirme a los fallos de la película, sin intentar una comparación con la serie, Swanson y Perry se muestran limitadísimos, ambos parecen llevar entre si el duelo interpretativo de quien logra la mayor cara inexpresiva, y las frases que van soltando, supuestamente humorísticas, solo contribuyen a hacernos sentir verguenza ajena. Los amigos de Buffy, meros comparsas de la historia, nada tienen de relevancia, salvo estar interpretados por gente que hoy son más o menos estrellas (David Arquette, Hilary Swank, Ben Affleck) que, dudo mucho, alcanzaran su fama gracias a la película.
Solo nos queda pues, centrarnos en los personajes más interesantes: el guardián de la cazadora y el vampiro jefe. Resulta terriblemente decepcionante en el caso de Rutger Hauer, a quien siempre desee ver en el papel de vampiro: aquí está sencillamente ridículo, y su único cometido es esperar a que la chica esté entrenada para dejarse matar, mientras por el camino vampiriza a unas cuantas damiselas. También es particularmente patético su aliado, un joven vampiro de barba y coleta, que protagoniza algunos de los gags más ridículos de la película, como el de la estaca. Solo Sutherland tiene algo de interés en su personaje, el guardián serio y misterioso de pasado incierto (se nos sugiere que es inmortal, lo cual sería curioso) pero al final todo queda en nada, simples reprimendas de maestro a alumna porque su cazavampiros está más preocupada por ir al baile que por matar vampiros. Ninguno de los actores logra aguantar el tipo, independientemente de su calidad como actores: sus papeles no les permiten lucirse en nada, ni mostrar un mínimo de carisma.
El director de este despropósito es Fran Rubel Kuzui, que aparece como productor en la serie, y que, es de suponer, destrozó el guión de Whedon, pues no puedo creer que el autor del Buffyverso tuviese unos comienzos tan sumamente pobres como guionista. Es casi un milagro que de semejante bodrio saliese una serie como es "Buffy Cazavampiros", cuyas temporadas segunda y tercera me parecen de lo mejor que se ha visto en el género fantástico en televisión, si bien es de lamentar que, tras caer en un grado de papanatismo alarmante en su cuarta temporada, la serie nunca llegase a las altas cotas alcanzadas en su segunda y sobre todo, tercera temporada. La película queda así como un filme que no merece verse ni por los completistas que adoren la serie, y que solo tiene la virtud de no haber tenido secuela (aunque en los tiempos que corren... mejor callarse y no dar ideas).

La maldicion de Frankenstein



En 1957, la Hammer Films había pasado de ser una productora de segunda a encaminarse hacia su destino como "La casa del Martillo", prdoctora que tendría en su haber decenas de películas fantásticas realizadas por genios artesanos como Terence Fisher, Roy Ward Baker, Val Guest...
El experimento del doctor Quatermass y su secuela Quatermass 2 fueron los filmes que le dieron aquella merecida fama, y gracias a dicha fama, nació este filme. Según parece, los planes iniciales eran realizar el filme en blanco y negro, y contando con el sin par Boris Karloff para repetir su papel, pero la Universal no lo permitió. Milton Subotsky, futuro responsable de la principal competidora de la Hammer, la Amicus, fue quien escribió la primera versión, pero parece ser que era demasiado corta, y fue reescrito. Se contó (gracias a Dios) con Terence Fisher para la dirección, en la que sería su primera colaboración con la casa Hammer, su primera obra maestra. Peter Cushing fue contratado para hacer del barón Frankenstein. Como su Van Helsing de "Drácula" un año después, es un papel para el que parece haber nacido, logrando incluso eclipsar el recuerdo del frenético y arrepentido Colin Clive en los filmes de James Whale para la Universal, y Christopher Lee como su criatura, elegido principalmente porque tenía experiencia como mimo, y su personaje además de gran torpeza, era mudo.
Parece ser que hay distintas versiones de la película, con distinta duración y distintas escenas. La que yo he visto comienza con una introducción donde el joven Barón, que ha heredado el título de su padre muy joven, debido a la muerte de su primogenitor, contrata a Paul Kremp, un tutor, para que le enseñe Medicina. Durante años, el joven Barón y su tutor quedan ambos absorbidos por sus enseñanzas, y cuando, finalmente, el maestro ya ha enseñado todo al alumno, los roles se invierten y Frankenstein le habla a Paul de su gran proyecto: crear vida a partir de materia muerta. Sus primeros experimentos con animales pronto dan sus frutos positivos, ante la emoción de ambos, y Paul propone presentar el acontecimiento a la comunidad médica, pero la obsesión del Barón, lejos de quedar satisfecha devolviendo la vida a perritos, pasa por la ignominiosa tarea de crear vida humana en trozos de cadáveres recompuestos...
Pese a la repugnancia que Paul siente hacia la idea, cierta curiosidad mórbida le une a su antiguo alumno, y le ayuda a robar varios trozos de cadáveres que irán recomponiendo en un tanque preparado para tal efecto. La tensión entre ambos aumentará, y el antiguo maestro permanece en el caserón debido a la inocente presencia de Elizabeth, la prima del Barón y su prometida. Sin embargo, Frankenstein no se conformará si su creación no es perfecta, para lo que debe matar a un sabio y robarle el cerebro. Paul huye horrorizado ante la sola idea, pero el Barón sigue adelante con su proyecto, invita a cenar a un anciano científico a su casa, y le mata fingiendo un accidente, robando su cerebro tras el entierro. Paul le descubre, intenta detenerle, y en el forcejeo el cerebro resultará dañado...

El doctor y su criatura

Con la música de James Bernard y la fotografía de Jack Asher, Fisher estaba marcando un molde para el futuro de la productora. Pero sin duda el mayor hallazgo de este filme es el personaje interpretado por Cushing: un frío y maquiavélico genio enfermizo que conspira para conseguir aquello que desea (no hay más que ver como manipula a su maestro para que permanezca a su lado, o como amenaza sutilmente a su prima para que esta no intente interferir en su trabajo) y cuyos experimentos se siguen con gran interés durante parte del proceso, pero una vez nacida la criatura (un ser horrible, físicamente fuerte, pero completamente alejado de la humanidad normal) el espectador comienza a sentirse alejado del Barón, pues este, ni siquiera frente a la evidencia de su fracaso se plantea abandonar, se erige Dios, un dios frío y absoluto con poder sobre la vida y la muerte, que no cejará hasta haber conseguido sus objetivos, aunque tenga que sacrificarlo todo...
Una vez estrenada, la película fue clasificada X, incluso tras cortar algunas de sus escenas, en las que el Barón metía una cabeza amputada en un tanque de ácido, por ejemplo. Se tachó como una de las películas más sádicas y horrendas de la historia, lo que resulta ingenuo hoy en día. Sin embargo, si el gore y la violencia están ya más que superados, sigue siendo escalofriante ver como el Barón Frankenstein trata a los cadáveres, los trozos de carne muerta que utiliza como piezas de sus experimentos, igual que utiliza a los seres vivos que le rodean. Este diosecillo humano, prepotente y arribista, que se cree mejor y superior, con poder para disponer la vida y la muerte a su antojo, es el verdadero logro, el mayor descubrimiento de este filme. Lejos de deteriorarse, la saga seguiría explorando interesantísimos caminos en obras maestras como "La venganza de Frankenstein" y "El cerebro de Frankenstein". "Frankenstein creó a la mujer" y "Frankenstein y el monstruo del infierno" se erigen ambas como películas menores pero en absoluto despreciables, todas ellas orquestadas por ese genio que fue Terence Fisher.

miércoles, 4 de junio de 2008

Death Proof



Quentin Tarantino es ya uno de los mejores directores de cine de la Historia, que duda cabe. Pero, con solo cuatro películas dirigidas propiamente dichas (cinco si contamos Kill Bill como dos volumenes) hasta ahora su trayectoria no había sido tan increíble como para merecer ese apelativo, y dicho sea, todavía no lo ha ganado. Su obra prima, "Reservoir Dogs" es una película fascinante, violenta, tiene una energía desbordante, la emoción de las óperas primas. Ya tiene todas las señas de identidad de Tarantino (largas conversaciones, a veces absurdas, plagadas de referencias a cine, música, comics...) y en general, personajes absolutamente amorales, cuando no despreciables.
Pulp Fiction, en cambio, es uno de los filmes más pretenciosos y vacíos de su época, pese a la espectativa que levantó, y pierde con cada visionado.
De Jackie Brown no puedo hablar, pues no la tengo muy reciente, aunque recuerdo que no era tan pretenciosa como la anterior. Luego vino el segmento en "Four Rooms" un filme realmente irregular donde todos parecen actuar ofreciendo su mayor sobreactuación, especialmente Tim Roth, en una interpretación que, de tan "cómica" llega a ser realmente pesada. El segmento de Tarantino no estaba nada mál, aunque peca de lo mismo que los otros, sobreactuaciones y personajes increíbles (sin embargo, es bastante divertida la trama, que gira alrededor de la reproducción de un episodio "Alfred Hitchcock presenta".
Kill Bill era un filme bastante más apreciable, que recuperaba el vigor de "Reservoir Dogs" a ratos, aunque las referencias (al cine de artes marciales, al spaguetti western) acaban ahogándola en muchos momentos. No obstante, Uma Thurman y David Carradine componen dos personajes tan fascinantes como de sobra conocidos en mil producciones cinematográficas sobre "venganzas".
Ahora, llega Death Proof el segmento de la película que no llegó a Europa "Grindhouse", que debía ahber formado una unidad con "Planet Terror" de Robert Rodriguez, como homenaje a las viejas sesiones dobles de cine palomitero de los sesenta y setenta (filmes de producción Corman como "La carrera de la muerte del año 2000" homenajeada aquí). Por desgracia, Death Proof es un filme que tiene dos caras, una considerablemente atractiva, la otra, aburrida y absurda.
La primera cara es la primera parte del filme, centrada en un bar donde se reúnen un grupo de amigas, con vistas a emborracharse antes de ir a pasar el fin de semana a la casa de campo de los padres de una de ellas. En dicho bar conocen a "Especialista" Mike (Kurt Rusell, lo mejor de la función) un fornido especialista de cine que se atiborra a comida mientras interactúa con las chicas, las vigila, las escucha. Arlene, una de las chicas, sospecha que el coche que lleva siguiéndolas toda la tarde es el de Especialista Mike. Pero aún así, bailará para él, a raíz de una broma que le ha gastado su amiga por la radio...
Después, Especialista Mike recoge a una muchacha en su coche "a prueba de muerte" un coche reforzado donde el conductor no tiene nada que temer, haga lo que haga... pero si los otros ocupantes del coche. Tras un par de escenas cruciales que no revelaré, tenemos breve aparición de uno de los personajes favoritos de Tarantino, el paleto sheriff sureño Earl, interpretado por Michael parks. Earl sospecha que Mike es un asesino que utiliza su coche como arma sexual (algo no muy alejado de "Crash" de Cronenberg) pero no logra atraparle. Tras esta escena, que ejerce de puente entre la primera y segunda parte del film, se presenta a otro grupo de chicas, estas son también especialistas de cine, encabezadas por Zoe (Zoe Bell, una auténtica especialista que dobló a Uma Thurman en las escenas peligrosas de Kill Bill). Esta parte es más vulgar, más cafre y mucho menos interesante. Se reproduce una conversación alrededor de una mesa donde están comiendo, intentando emular, auto plagiar el mítico almuerzo que abre Reservor Dogs, pero no funciona. Los diálogos están llenos de palabrotas, insultos y acaban por desconectar completamente al espectador. Las muchachas interpretan un peligroso juego con el coche, hasta que aparece el Especialista Mike... es, realmente, una película que acaba por agobiar al espectador, pero no por lo que cuenta, sino por lo mal que lo cuenta, todo repleto de las típicas referencias de Tarantino (su presenca en el bar, hablar de filmes que presumo que le gustarán, el tono de Kill Bill en el móvil..., que una de las chicas del primer grupo llame Frankenstein a Rusell, en homenaje al personaje interpretado, no por casualidad, por David Carradine en "La carrera de la muerte del año 2000"...)
En resumen, no podía haberse esperado un filme peor trabajado. Los actores son meras caricaturas increíbles, y solo sobresale un Kurt Rusell de apariencia desastrada y sucia, el perfecto psycho killer de la carretera, con un final, me temo, muy poco noble para ese gremio.
Hasta el momento, Tarantino sigue haciendo las películas que quiere con los medios que quiere, pero, con películas como Death Proof, ¿cuanto le durará esa suerte?