lunes, 5 de mayo de 2008

La casa de los 1000 cadaveres



Rob Zombie me es desconocido como músico, pues su trabajo abarca géneros musicales que, la verdad, nunca me han interesado demasiado. Por ello, hablaré de su ópera prima como cineasta sin influencias, sin la parcialidad que algunos admiradores suyos pudieran tener.
La casa de los 1000 cadáveres es un intento loable de reproducir el cine que Zombie (y muchos de nosotros) admira: el horror rual de los años setenta, los mad doctors, los psycho killers... todo metido en una batidora y servido de manera algo indigesta. Porque "La casa de los 1000 cadáveres" se queda en eso, en intento nada más, de proporcionar al espectador nostálgico una cinta con la que pueda conectar y disfrutar, pero sin conseguirlo.
Para empezar, tenemos un prólogo que ya nos muestra lo que vamos a ver: desquiciamiento en estado puro, mal gusto desde prinicpio a fin, estética sucia, personajes incultos y desagradables (en el mejor de los casos) sangre y palabrotas. Se nos presenta a un personaje enloquecido, el Capitan Spaulding (Sid Haig) que vestido como una especie de enfermizo Tío Sam, regenta una gasolinera (en la mejor tradición de horror rural) que incluye un museo de cosas raras "para freaks y descerebrados". Allí llegan cuatro jóvenes en una furgoneta, que están haciendo una ruta por las carreteras americanas, en busca de cosas inusuales y raras, cuanto más mejor, para escribir un libro sobre folklore oculto americano. Allí, asistirán al Museo del Capitán Spaulding, que les habla sobre el doctor Satán, una "celebridad" local, un mad doctor que utilizaba a las personas para sus experimentos, y que fue ahorcado, pero su cadáver desapareció. Los chicos insisten en ir a ver el árbol donde el Doctor fue ahorcado, pese a que Spaulding les recomienda que no lo hagan. Finalmente, les hace un mapa, y los chicos comienza el viaje...
Por el camino paran a recoger a una joven autoestopista a la que parece faltarle un tornillo, y que les pide que la lleven a su casa. Allí, serán invitados a cenar con sus habitantes, la familia Firefly, comandada por la madre (Karen Black, ni más ni menos) y cuyos miembros más carismáticos (por decir algo) además de la joven y hermosa (pero podrida por dentro) Baby (Sheri Moon) el desquiadísimo Otis (Bill Moseley, ya presente en la secuela de "La matanza de Texas"). La pesadilla para los cuatro jóvenes no ha hecho sino comenzar...
En resumen, una película que pretende ser un paquete precioso y conciso que reúna todo aquello que hacía que los fanáticos del cine fantástico fuéramos al videoclub hace veinte años, pero en realidad, el paquete es bastante vacío, y la película es un simple remake encubierto de "La matanza de Texas" pero con más: es decir, más asesinos, (mucha) más sangre, más aberraciones, un mal gusto que realmente, no tenía el filme de Hopper (cualquier miembro de la familia de Leatherface podía asustar sin necesidad de recurrir a gritar y decir palabrotas). A nivel visual, la película no se decide entre la estética sucia de los slasher más charcuteros y casposos y los viejos colores que lucían los tebeos marca EC, especialmente Tales From The Crypt.
A la postre, resulta mucho más interesante a todos los niveles la secuela "Los renegados del diablo" aunque se toma algunas licencias respecto a la primera parte, es una road movie desaforada, violenta y polvorienta, más creíble y disfrutable, intentando ( y esta vez si, consiguiendo) homenajear otro tipo de cine (las películas de venganzas perpetradas por la Cannon y los western y/o road movies. Gracias a "Los renegados del Diablo" Zombie parecía ser un autor interesante a tener en cuenta, pero tras "Halloween, el origen" ha resultado ser un simple reciclador, en la onda de Tarantino, pero con otras apetencias e influencias, y sobre todo, muy inferior.

sábado, 3 de mayo de 2008

Las colinas tienen ojos



Wes Craven nunca ha sido santo de mi devoción. Es un hombre al que hay que respetar, puesto que al menos, lleva treinta años haciendo cine, el cine que le gusta, con más o menos éxito económico y algo de prestigio crítico (cada vez menos). Sus películas, sobre todo las más emblemáticas, tienen legiones de seguidores. Personalmente, me parece "Pesadilla en Elm Street" su única película redonda (aún así, mal rematada, con un final típico de Craven). Su primer filme, mano a mano con Sean S. Cunningham, fue "La ultima casa a la izquierda" una de las películas más gráficas, repulsivas e innecesarias que he visto, cuyos "actores" hacen difícil seguir el filme con un mínimo de credibilidad, y su aspecto visual no difiere mucho de cosas como "El proyecto de la bruja de Blair".
Su siguiente filme, en 1977, fue algo más apreciable, "Las colinas tienen ojos".
El film no fue precisamente mejor, a nivel técnico o interpretativo, pero el guión parece algo más elaborado (no mucho) y Craven ya no parece tener tanta insistencia en mostrarnos algo repulsivo cada cinco minutos. También incorpora a algunas actores cuya labor posterior será muy reconocida, aunque aquí no brillan demasiado: el deforme Michael Berryman, siempre fiel al género, la madura scream queen Dee Wallace Stone y Janus Blhyte (vista en El fantasma del paraíso, de Brian DePalma).
Todo comienza en una gasolinera en medio del desierto. Su anciano propietario habla con una muchacha que parece salvaje; según dicen, hay "algo" escondido en las montañas, a lo ambos personajes no son ajenos, y los militares tienen intención de hacer una intensiva búsqueda en las colinas.
La muchacha se esconde cuando llega una feliz familia americana en su caravana, los Carter: el padre es policía retirado, la madre es un poco "fanática religiosa" la hija mayor (Dee Wallace Stone) viaja con su marido y con su hija pequeña, apenas un bebé, y los otros dos hijos adolescentes no hacen más que pelearse. La familia viaja a California, pero antes, quieren pasar por una vieja mina de plata que les han dejado en herencia. El viejo intenta desanimarles, como mandan los cánones del género, pero no lo logra, y emprenden el viaje. Unos extraños personajes a los que nunca vemos observan los avances de la familia con unos prismáticos, y se comunican con walkie talkies. Finalment,e la caravana sufre un accidente que les obliga a parar el viaje; el padre decide volver a la gasolinera, y su yerno va a ver si puede encontrar ayuda, pero se hallan en medio del desierto. Los perros de la familia salen corriendo, uno de ellos muere destripado, la noche cae rápidamente, y el horror se desata sobre la familia Carter...

La familia Carter al completo poco antes de...

Lo que mora en las colinas, según explicará el viejo de la gasolinera a Papá Carter, es la familia de su propio hijo. En los años cincuenta, el vieo y su esposa tuvieron un hijo que no era normal, peludo y pesado. Se comía vivas a las gallinas, se divertía echando a los perros en los pozos... una noche en la que el viejo salió a comprar comida, aquel engendro quemó la casa con su madre y una hermana pequeña dentro, por lo que el viejo le abrió la cabeza y le tiró al desierto, donde esperaba que muriese desangrado o del calor. Pero el hombre sobrevivió, secuestró en la ciudad a una prostituta por la que nadie preguntaría, y ha formado una manada de hijos locos que sobreviven alimentándose de perros, alimañas... y ocasionales viajeros que pasan por allí. El asedio de la familia caníbal a los Carter no se hará esperar, y no va a haber tregua...
Las escenas crueles "Made in Craven" se pueden contar con los dedos de una mano: el perro destripado, el hombre crucificado y quemado vivo, la violación de la hija en la caravana... el supuesto mensaje que Craven quiere transmitirnos no deja de ser un tópico pueril: ninguna de las dos familias es enteramente "buena" o "mala"; los Carter pueden convertirse en salvajes tan violentos como ellos, y alguno de ellos puede sentir piedad y compasión. Un argumento trillado en exceso, y que es desarrollado por Craven sin demasiada convicción.
Del guión, lo mejor que puede decirse es que es una copia más o menos enmascarada de la por entonces en el candelero "La matanza de Texas" de Tobe Hopper. Así, tenemos a un grupo de caníbales que viven en un paisaje agreste, caluroso y asfixiante, y a un grupo de personas representantes (más o menos) de la normalidad, que se pierden en ese lugar y son rodeados y asediados por la familia caníbal, en busca de su carne (además, ambos films comparten a Robert Burns, director artístico que ha participado en no pocos filmes de género). El equipo técnico (once personas) no debe diferir mucho de aquel que rodó "La última casa a la izquierda" pues los resultados, a niven visual y técnico, fueron muy similares.
Las colinas tienen ojos alcanzó un buen éxito económico en el circuito de auto cines, y ganó además el premio a la mejor película de la Academia de Cune Fantástico y Ciencia Ficción de Los Angeles. En España se estrenó mancillada con la dichosa letra S, que identificaba productos (supuestamente) sexualmente explícitos o demasiado violentos. Hoy en día, ambas cosas han sido superadas scon creces, y la película de Craven apenas podría entrar en antologías de gore, y si en el subgénero de terror rural.
El filme contó con una secuela, dirigida en 1981, pero no estrenada hasta 1985, después del fulgurante éxito de Craven, Pesadilla en Elm Street (1984). El filme es mucho, mucho peor que el primero, y no ofrece nada interesante: repesca a Janus Blythe y Michael Berryman para otra aventurilla por el desierto, esta vez por parte de un grupo de chavales que van en autobús a una competición de motos, y se pierden en el desierto. Técnica y artísticamente nula, Craven ha reconocido que la hizo por dinero, porque en aquel momento, nadie quería producir la película de Fred Krueger, y él necesitaba dinero. Es uno de los puntos más bajos de su filmografía, y además rellena su metraje con escenas de la película anterior.
Como anécdota, con esta película se inició una pequeña serie de homenajes privados entre Craven y Sam Raimi: si aquí vemos un poster de la película "Tiburón" roto por la mitad en la caravana de los Carter (quizá para conseguir una comparación, queriendo indicar que el terror humano siempre será más aterrador que el animal) en la ópera prima de Raimi, Posesión Infernal, aparece, en el sótano de la casa, un poster de Las colinas tienen ojos, también roto. Craven devolvió el homenaje cuando, en Pesadilla en Elm Street, la protagonista veía Posesión Infernal en la televisión...
Se habló durante un tiempo de una tercera parte, que tendría un argumento de ciencia ficción, pero lo que nos ha llegado ha sido el remake de Alexandre Aja, que me ha parecido de lo peorcito: mucha sangre sobre maquillajes, muchos gritos, pero en esencia, la misma historia contada con los cánones actuales de cine de terror (que no son precisamente mejores que los de los años setenta). La pelicula de Aja ha tenido secuela, que no he podido ver...
Las colinas tienen ojos, de Wes Craven, no revoluciona el género, no lo hace evolucionar, simplemente presenta una película chapucera técnicamente (y aristicamente, salvo algunas excepciones contadas) pero al fin y al cabo, una historia entretenida y al límite. Sabiendo lo que uno va a ver, no es en absoluto un film despreciable.

Martin



George A. Romero ha sido considerado muchas veces como un mero directorcilllo de serie B, que únicamente merece algo de reconocimiento por su trilogía de muertos vivientes. Ha sido muchas veces puesto al lado de Tobe Hopper, quien solo tiene una película realmente notable "La matanza de Texas". Sin entrar a valorar a Hopper, Romero tienen un mundo propio, que ha ido explorando consecuentemente a lo largo de su carrera. Además de su célebre trilogía zombie, tiene películas fantásticas, como Creepwshow, la extraña y dificilmente clasificable "Los caballeros de la moto" cine de suspense de calidad (La mitad oscura, Atracción diabólica) y este curioso experimento ¿vampírico? que es Martin (en España fue absurdamente titulada "El regreso de los vampiros vivientes").
La película fue rodada en 1976 (otras fuentes indican 77) tras pasar Romero una larga mala racha, que había acabado con su economía y con su salud. El rodaje de La noche de los muertos vivientes trajo el éxito a su puerta, no así la fortuna, ya que varios productores se aprovecharon del éxito para vender copias piratas sin tener que rendir cuentas al resto de los miembros del rodaje. La siguiente película ni siquiera era de terror, "There always vainilla" un filme extraño y totalmente improvisado, aburrido, estirado y descafeinado, a decir de los que la han visto. El tremendo fracaso del filme motivó que se estrenara en EEUU con otros varios títulos, pero el espectador no picó. Hoy es un filme desaparecido, y no conozco a nadie que la haya visto.
Las cosas se ponen más claras con Jack's Wife, conocida como Season of Witch, una película de brujería y feminismo que incluso fue editada en DVD aquí, aunque no con muy buena calidad. Más conocida todavía resulta "Los crazies" un film con zombies, contagiados tras la caída de un avión del ejército que portaba un virus como arma biológica. Aunque fallida y técnicamente deficiente, tiene algo de interés.

Retrato de la familia disfuncional

Finalmente, llega Martin. Martin Matias es un joven absolutamente introvertido y callado, que viaja en tren a Pittsburg para reunirse con su familia, tras la muerte de los parientes con los que vivía en Indianápolis. En el tren, Martin entra en el departamento de una chica para drogarla y beber su sangre, tras cortarle las venas con una cuchilla. ¿Es Martin un vampiro? es una pregunta que flota alrededor del filme, y que realmente, no obtendrá una respuesta clara.
Tras llegar a Pittsburg, es recogido por su anciano primo Cuda, un fanático religioso convencido de que su familia está maldita, y de que Martin es el noveno nosferatu, un diablo inmortal que bebe la sangre de los vivos para sobrevivir. Cuda pega ajos y crucifijos en casa, para consternación de su nieta Cristina (Christine Forrest, posteriormente esposa de Romero) la cual, de pensamiento algo más liberal, no termina de creerse las historias de su abuelo.
Martin comienza a hacer vida en la ciudad, ayudando a su primo, que posee una tienda de comestibles. Martin hace recados y se convierte en repartidor a domicilio. También sale por las noches, a cometer crímenes para beber la sangre de sus víctimas. Un día conoce a una vecina, la insatisfecha esposa de un marido ausente, la señora Santini, y se enamora de ella...
Para empezar, ¿que es Martin? Cree ser (toda la familia lo cree) un vampiro. Pero en realidad no lo es, al menos no un vampiro de los que el cine nos tiene acostumbrados. Su apetito por la sangre humana y su supuesta longevidad (dice tener 84 años) son las únicas señas de que podría ser algo antinatural. El sol, los crucifijos o los ajos no tienen ningún efecto en él. Como el propio Martin señala "no es magia. Solo es una enfermedad". una rara enfermedad convertida en otra cosa en el seno de una extraña familia, fanáticamente religiosa, que cree todavía que los demonios caminan por la tierra.

Martin se toma muchas molestias para preparar sus crímenes

Romero hace un magnífico examen de la mentalidad imperante en la América profunda: ese Pittsburg sucio y destartalado, donde parece haber una estricta mentalidad victoriana: incluso las desagradables señoras que frecuentan la tienda de Cuda se escandalizan porque un joven va a vivir en la misma casa que una muchacha soltera, como si de un horrible y pecaminoso asunto se tratase, un verdadero escándalo. Es " una ciudad de viejos" como varias personas indican a lo largo del filme, donde no será bien visto el nuevo sacerdote de ideas progresistas (interpretado por el propio Romero). Es, pues, el lugar ideal para que se refugie un muchacho introvertido en exceso, reprimido y de imaginación demasiado fantástica. Lo más probable es que Martin y su familia de verdad crean en su vampirismo, pero lo suyo parece más un problema mental, que quizá "lleva en la sangre" (se dice que hay otros nosferatu en la familia, dos más, que viven en Europa).
A menudo se nos intercalan imágenes en blanco y negro que cuentan el supuesto primer crimen de Martin, sucedido casi un siglo antes, pero bien podrían ser alucinaciones del muchacho perturbado. Martin se erige como un personaje tan oscuro como fascinante. Aunque sea tímido y reprimido, no es un loco común, sino un frío asesino que planifica sus crímenes con cuidado y con antelación, haciéndolos pasar por suicidio a veces, y también parece importante para él tranquilizar a sus víctimas antes de matarlas, no solo sedándolas, sino hablándoles mansamente para que no tengan miedo. Aficionado a los trucos de magia, Martin se limita a vivir su vida, ajeno a los intentos de su primo Cuda para "salvar su alma" y algo menos ajeno a los problemas de su prima, encerrada en un pueblo de ideología medieval donde la mujer no significa nada, intentando convencer a su novio Arthur (Tom Savini, que se ocupó de los FX, en un breve papel) para que se marchende allí. También parece que Martin tiene necesidad de llamar la atención, cosa que hace al llamar a un programa de radio de confesiones noctunas para, bajo el apodo de "Conde" contar sus experiencias vampíricas, llegando a cosechar una pequeña legión de admiradores...
¿Es Martin un vampiro? Al final, la respuesta es lo de menos. Lo importante es que hemos asistido a un implacable examen psicológico, de un pueblo que parece haberse quedado en el siglo XIX, de una familia que ha sido destruida por el ilógico fanatismo religioso, y de un muchacho cuya mente ha quedado arruinada por culpa de su familia, pero también por su excesiva imaginación...
La película se rodó en Pittsburg con el ínfimo presupuesto de 100.000 dólares, aunque oficialmente, la cifra se aumentó ahsta 250.000. Según Romero, fue el primer rodaje que disfrutó desde "La noche de los muertos vivientes" y además le permitió conocer a la que luego sería su mujer, Christine Forrest. Hubo una versión más larga del filme, que superaba las dos horas y aumentaba información sobre la ciudad, diversos personajes secundarios, la pasión de Martin por la magia... el montaje fue declarado demasiado largo, y Romero tuvo que recortarlo hasta la duración que conocemos, con la esperanza de presentar el montaje completo en posteriores ediciones, pero parece ser que dicho montaje se considera desaparecido. También tuvo que cortar diversos planos gore, algunos realmente absurdos, como el corte que Martin hace a la primera chica; el plano tuvo que ser retocado para que el corte no fuese tan largo, una tontería. Esos insertos gore si los tenemos en posteriores ediciones de vídeo...
Martin no es la mejor película de Romero, pero, a pesar de que es de las más olvidadas y desconocidas por el público, si es una de sus mejores películas, una joya sencilla, oscura y psicológica, perturbadora y con no poco humor negro... se hace más que recomendable descubrirla, siempre que no se espere de ella una historia de vampiros convencional.

domingo, 20 de abril de 2008

Solos en la oscuridad



Jack Sholder es uno de esos directores del fantástico que se han movido siempre en las aguas del desconocimiento. La mayoría del público no reconocerá su rostro ni su nombre, y si se les dice que es el director de, por ejemplo, la segunda parte de "Pesadilla en Elm Street" se limitarán a encogerse de hombros. Aunque ha demostrado tener talento, pocas veces ha destacado con una película que le permita lucirse comercialmente, quizás la más celebrada es la curiosa "Hidden, lo oculto".
Dos años antes de que Wes Craven diera el pistoletazo de salida a la, hasta entonces productora ignota New Line Cinema, Sholder ya destacó con esta "Solos en la oscuridad" un slasher prototípico, entretenido, y que basa su encanto, sobre todo, en los "monstruos" que figuran en su ficha artística, y es que ver aunados en un mismo plano al inquietante Jack Palance, a Martin Landau y a Donald Pleaseance ya es señal, cuato menos, de que estamos ante algo más digno que cualquier secuela de Viernes 13, o copia de esta, pues era el modelo más clonado en películas de psicopatas de la década.
Se nos cuenta, tras un inquietante prólogo con Landau de protagonista, la llegada de la familia Potter a una pequeña ciudad americana, donde el cabeza de familia, Dan (Dwight Scultz) va a ocupar un puesto de psiquiatra en el manicomio del doctor Leo Baln (Pleaseance) un tipo que no parece estar mucho más cuerdo que sus pacientes, e incluso alimenta las fantasías de estos. Allí conocerá a los hombres del ala de máxima seguridad: el antiguo militar Frank Hawkes (Palance, el personaje más interesante) que con una fuerte neurosis de guerra, no soporta estar encerrado; el ex sacerdote Byron Sutcliff, fanático religioso que una vez quemó su iglesia cuando todos los feligreses estaban en ella; un joven obeso que abusó de varias niñas, y el "hemofílico" un asesino en serie que siempre tenía hemorragias nasales tras sus crímenes, y que no permite que le vean la cara.
Mientras el doctor Potter se pone al día en sus funciones, los locos traman contra él, creyendo que Dan ha asesinado a su antiguo psiquiatra, el doctor Merton (a quien tenían en gran estima) y deciden vengar a su antiguo amigo, cuando la ocasión llegue.
Durante un ruidoso concierto de rock, al que todos acuden por mediación de Toni, la cuñada de Dan, se produce un apagón en toda la ciudad, y diversos disturbios. Al quedarse sin electricidad el manicomio, los locos aprovechan para huir de allí, se hacen con ropas civiles y con armas, y esperan pacientemente a que el doctor y su familia regresen a casa para comenzar un asedio brutal...

El doctor Potter habla con Hawkes

Empezando por la plantilla de actores, resulta divertido ver a Dwight Schultz para cualquiera que haya seguido las aventuras de "El equipo A" serie en la que interpretaba al loco Murdock: aquí, Schultz es un psiquiatra, un tipo intelectual, incluso apocado, que prefiere no involucrarse en asuntos comprometidos, resultando casi un émulo del personaje de Dustin Hoffman en "Perros de paja" (película con la que guarda no pocos paralelismos) donde una persona pacifista e incluso cobarde tendrá que hacer uso de la violencia para sobrevivir.
Pero la fuerza de la película está en esos locos, desde el psiquiatra que rige el manicomio, un tronchante Donald Pleaseance, tan desequilibrado como cualquiera de sus pacientes, a ese grupo de hombres "no es que sean violentos, simplemente no han podido o no han sabido integrarse en la sociedad" se repite varias veces en el filme, desde un Martin Landau como el perturbador fanático religioso a un amenazante Jack Palance, no del todo cuerdo/no del todo loco. El ex militar Frank Hawkes, sufre neurosis y claustrofobia, debido al tiempo que estuvo prisionero en Vietnam, y siempre intenta escapar, o por lo menos "creer que conoce la forma de escapar, y que puede hacerlo cuando quiera" como expresa el doctor Bain. El personaje de Philliph Clark es probablemente, el que resta más credibilidad a la película...
Sholder dirige con fuerza un guión arquetípico, puede decirse que está a medio camino entre el slasher (sin excesos en gore, eso si) y la película de suspense; son más los movimientos de los locos y la respuesta de los "cuerdos" lo que interesa a Sholder en lugar de los asesinatos, y cuando estos se suceden son despachados con sobriedad, sin exceso regodeo en la escena sangrienta.
No falta la polémica de "¿quien es el verdadero loco?" ante la situación del apagón: durante el concierto se produce el apagón, posteriormente se producen saqueos y manifestaciones aprovechando la oscuridad forzada, e incluso la policía actúa de manera violenta e irracional, confundiendo sin que parezca importarles a saqueadores con ciudadanos normales.
Pequeña pieza de artesanía, rápida, va al grano y cuenta una historia lo suficientemente creíble y desasosegante, servida por tres grandes actores, sabiéndose ya casi al final de sus brillantes carreras. Sholder conocería el éxito en 1984 con la segunda parte de Pesadilla en Elm Street (menos, pues la secuela, aunque no dejó de generar dinero en taquilla, es de las más denostadas por los aficionados, pese a ser una historia de suspense que aportaba algo nuevo a la saga, aunque desbarra hacia el final) y si, conocería por fin el éxito, público y crítico, en 1987 con la mencionada Hidden, lo oculto (ganadora del Gran Premio Avoriaz, y del premio al Mejor Actor (Michael Nouri) en el festival de Sitges.
Lastima que, actualmente, el talento de Sholder se haya visto implicado en cosas como la nefasta "Arachnid"...

lunes, 14 de abril de 2008

Asalto a la comisaría del distrito 13



La primera película de John Carpenter fue Dark Star, un proyecto universitario que se alargó durante tres años, pasando de ser un mediometraje rodado por amigos a una película (muy modesta, eso si) estrenada en cines. La película contaba la historia de unos astronautas a bordo de una nave que se dedica a destruir planetas inestables. Los astronautas hippies a bordo se las verás negras por culpa de un alien (en forma de pelota de playa) y por una bomba atómica con conciencia propia que amenaza con destruir la nave, cosa que deberán evitar, filosofando con ella... demencial.
El productor Irwin Yablans (uno de los futuros productores de "La noche de Halloween" le ofreció a Carpenter total libertad para, con un presupuesto limitado, llevar a cabo la pelicula que quisiera. Carpenter eligió un western, concretamente un remake semi encubierto de "Río Bravo" de Howard Hawks. Pero sabiendo de antemano que el western era un género en franca decadencia, y que requeriría bastante más presupuesto para conseguir unos escenarios convincentes, decidió convertir a los indios en pandilleros y a los sheriffs en policías de una ciudad americana en la época "actual" (1976, año de producción del filme). Carpenter escribe el guión, dirige, produce, compone la música (una de las melodías más pegadizas y obsesionantes de su carrera como director) y ademas, monta el filme con el seudónimo de John T Chance (nombre de un personaje interpretado por John Wayne).
El filme comienza siguiendo las andanzas de una pandilla "Trueno callejero". Seis de sus miembros son acribillados en una operación policial. Las autoridades advierten que se esperan represalias por parte de los compañeros de los fallecidos. Así, estos hacen un pacto de sangre para devolver todo el daño que se les ha causado, para vengarse hasta la muerte de ser necesario.
Asistimos entonces al primer día como policía del agente Ethan Bishop, a quien le han dado un primer encargo poco importante: la comisaría del distrito 13, Anderson, tras décadas de leal servicio, ha sido clausurada y trasladada a otro edificio más moderno. Bishop tendrá que supervisar el traslado de las pocas cosas que quedan allí, junto con una mujer policía, Leigh (Laurie Zimmer) y una secretaria. En primera instancia, un encargo rutinaria de ninguna importancia. Las cosas comienzan a complicarse: por una parte, una serie de presos son trasladados a una cárcel para condenados a muerte, entre ellos, el célebre y carismático Napoleon Wilson (Darwin Joston) pero uno de los presos está gravemente enfermo, y tendrán que hacer pasada... en la comisaría de Anderson.

El ciudadano anónimo como potencial víctima de los pandilleros

Por otra parte, los pandilleros asesinan a un heladero y a una niña que acudía a comprar un helado (impresionante escena) el padre de esta, completamente enloquecido, se hace con un arma y dispara contra varios de los jóvenes, que le persiguen enloquecidamente. El padre se refugia en la comisaría, donde el guardián de Wilson y los otros Starker (Charles Cyphers) trata de encontrar un médico. Los pandilleros cortarán la luz y el teléfono, y asesinarán a Starker y a varios de sus presos. Wilson y su compañero Wells (Tony Burton) se salvan, y son encerrados mientras Bishop y Leigh se hacen consciente de la situación. Los pandilleros exigen que se les entregue al hombre al que protegen, pero Bishop, que a pesar de ser un novato tiene un gran sentido del deber, se niega, diciendo que el hombre acudió a buscar ayuda y la recibirá mientras se la puedan dar. Se organiza un impresionante tiroteo, con varios muertos por ambos bandos, y finalmente, Bishop se da cuenta de que no sobrevivirá si no cuenta con la ayuda de Wilson y Wells... los cuatro formarán un grupo formidable en un intento de sobrevivir al asedio mientras dan con un modo de salir del encierro...
Asalto a la comisaría del distrito 13 ha sido comparada tanto con el western que medio remakea, Rio Bravo, como con otras películas de temática similar: La noche de los muertos vivientes, Perros de paja... films en los que unas cuantas personas quedan encerradas en una casa, agredidos por una amenaza exterior, con pocos medios para defenderse y con algunos problemas internos. Ellos solo tienen un rifle y dos pistolas, y para hacer frente a la batida final, se valdrán tan solo de un arma con tres balas (momento mítico) mientras que los pandilleros parecen no tener fin, inquietantes (se nos muestran numerosos entre las sombras, sin que les veamos nunca el rostro) y con recursos ilimitados. Una situación al límite, marcada todavía más por la oscura fotografía de Douglas Kanpp, creando una sensación asfixiante muy conseguida. La dirección de Carpenter es firme, pese a ser casi un novato en esas lides, y ya he mencionado la desasosegante banda sonora...

Luchando hasta el último momento

Respecto a los acotres, Tony Burton siguión haciendo cine, Darwin Joston intervino en alguna peli más de Carpenter como secundario, antes de su fallecimiento prematuro, pero el caso mas sangrante es el de Laurie Zimmer, que interpreta a la mujer policía Leigh. Al parecer, este fue su único film comercial, lo cual resulta una pena, pues apuntaba maneras. Antes solo había hecho una película francesa underground, cuya directora la escogió a ella porque eran físicamente idénticas. Años después, esta directora intentó encontrar a su antigua "doble" haciendo repartir folletos con su foto por diversas ciudades, e incluso rodó un documental "¿Donde está Laurie Zimmer?" pero la actriz sigue desaparecida.
La película es todo un rosario de escenas míticas: desde los pandilleros circulando en coche y apuntando con sus armas a los ciudadanos al asesinato, frío, cruel e indiferente de una niña que va a comprar un helado, los posteriores tiroteos, la personalidad del gran Napoleon Wilson (el primer antihéroe carpenteriano, noble antecesor de gentuza como Serpiente Plissken) un hombre muy peligroso que ha sido calificado de asesino de masas y va a ser ejecutado por ello. Wilson tiene una actitud cínica y sarcástica hacia la vida, es "encantador" segun le describe con sorna su compañero Wells, se pasa toda la película pidiendo un cigarrillo y flirteando con Leigh (la cual no es precisamente indiferente a sus indirectas) y cuando las cosas se ponen feas para "los buenos" no duda en convertirse en un poderoso aliado para Bishop, combatiendo al enemigo con toda su astucia sin que en ningún momento aflore en él una vena sádica o perversa. Al final, después de lo acontecido, se ha forjado entre los dos hombres una camaradería indestructible, y es Napoleon Wilson a quien Bishop considera su compañero, y no los otros hombres que llevan placas como él. Al igual que en otras películas como "Vampiros" la amistad puede surgir en el lugar y la situación más inesperada, y convertirse en lo más importante para aquellos que hacen gala de ella.
Oscura, fría, cautivante, "Asalto a la comisaría del distrito 13" puede considerarse sin ningún pudor como la primera obra maestra de su director, pese a que en su estreno en cines de EEUU fue recogida con mucha frialdad, y bastante despreciada por la crítica. Pero cuando Carpenter ya andaba metido en la producción de "La noche de Halloween" la película fue estrenada en el Festival de Londres, donde causó verdadera sensación, hasta el punto en que varios críticos de cine norteamericanos rectificaron sus palabras, alabando el film. Antes de su estreno, se barajaron los títulos de "The Siege" y "The Anderson Alamo" y fue un distribuidor quien finalmente la bautizó como todos la conocemos.
Hace unos años se realizó un remake, completamente carente del nervio y de la ambiguedad moral de esta. Nada a tomar en cuenta. La original es un verdadero clásico, y son muchos los que la tienen como su película preferida de su director, pese a que este tiene películas mucho más logradas.

domingo, 13 de abril de 2008

Robocop



Paul Verhoven es un director genial. Utiliza todos los medios a su alcance para hacer, en sus películas, brutales críticas a la sociedad norteamericana. Pero, como dichas películas gozan de popularidad y de buenas cifras de ingresos, nadie parece concederle a importancia al cínico examen de las costumbres americanas, y el hombre sigue a lo suyo. Robocop es una muestra perfecta de ello: gozó de éxito de taquilla y de crítica, tuvo varias secuelas y series (una "en carne y hueso" y otra de dibujos) y se convirtió en uno de los iconos más importantes hacia finales de los años ochenta. Producida por la Orion (que tambien produjo Terminator) con un presupuesto ajustado, Verhoven quiso crear una historia en la que "el alma humana consiga sobrevivir a la muerte y no se supedita a un programa informatico". De hecho, son muchos los que han hecho comparaciones religiosas... pero vamos con el argumento.
Detroit, en algún momento indeterminado del futuro. La ciudad del autmóvil es un nido de corrupción, violencia incontrolable, drogas, prostitución, atracos, violaciones y asesinatos. La policía ya no es un servicio público, sino que forma parte de una compañía privada, la todopoderosa OCP, que ahoga cualquier eficacia del cuerpo policial con una absurda y aplastante burocracia.
El agente Murphy (acertado Peter Weller) es trasladado a la comisaría de Detroit, donde sale a patrullar con su nueva compañera, Lewis (Nancy Allen). En el primer día, persiguen a una panda de sádicos que acaban de robar un banco y se refugian en un viejo almacén abandonado. Allí, los agentes se separan, y Murphy es acorralado por la banda, liderada por Clarence Bodicker (Kurtwood Smith) conocido jefe del crimen que disfruta especialmente matando policías. Al momento, tiene lugar la primera y brutal escena con la que Verhoven nos demuestra que esto va en serio: los pandilleros rodean a Murphy y prácticamente lo despedazan a tiros, y luego se marchan. Lewis le encuentra, moribundo, y aunque sorprendentemente consigue llegar al hospital, los médicos no pueden hacer nada por salvar su vida.
Mientras tanto, un ambicioso joven ejecutivo de la OCP, Robert Morton (un estupendo Miguel Ferrer) aprovecha el fracaso de un proyecto de robot policia, el ED 209, que dirigía el videpresidente de la compañía, el astuto Dick Jones (Ronny Cox). Morton consigue que su proyecto Robocop vea la luz, sustituyendo al ED 209, y para ello utilizan el cuerpo del agente fallecido Murphy, le borran la memoria y reestablecen sus funciones vitales, metiéndole dentro de un traje de titanio y kevlar virtualmente indestructible, con una programación clara: defender la ley, a toda costa. El proyecto funciona, y en pocos días, Robocop limpia las calles de maleantes con eficacia, pero cuando su antigua compañera le reconoce, el alma humana que todavía late dentro del metal comienza a recordar que una vez fue un hombre... poco a poco, toma conciencia de si mismo, y termina por ignorar su programación cibernética y lanzarse a una venganza contra los hombres que le "mataron". Pero eso va a ser más difícil de lo que piensa, puesto que el verdadero jefe de dicha banda es uno de los altos cargos de la OCP...

Robocop en acción

Desde el principio, asistimos a un futuro negro, sucio y lleno de corrupción, violencia y burocracia. Las compañías privadas se han hecho con todo, cárceles, hospitales, policía, lo dominan absolutamente todo, y solo se molestan en mirar por sus beneficios. Controlan, además, los medios de comunicación (impagables los noticiarios y la publicidad que aparece en estos) y su única meta, el motivo de que se construya Robocop, es limpiar las calles para construir una Nueva Detroit, una ciudad de lujo. Los criminales y los crímenes desaparecerán, pero también los pobres, y todos aquellos que no tengan un cierto nivel de vida.
Robocop, por su parte, es un ser cibernetico con una programación, sin recuerdos de su vida anterior, pero que los recupera, gracias a su compañera y a su encuentro con uno de sus asesinos. Es emotiva la escena en que visita su casa, ya abandonada, y va "reproduciendo" fragmentos de su memoria, de su vida familiar.
Robocop es un ser legendario desde el momento de su creación. Tenía que ser, según Verhiven, "potente, elegante, electrónico y real" contradictorios adjetivos que se cumplen. Adorado por los medios de comunicación, que dan amplias noticias de sus actos contra la delincuencia (como no, siendo los medios de comunicacion una herramienta de la OCP) también es un ser torturado, un hombre lobotomizado y convertido en robot que consigue sobrevivir a una muerte brutal (Verhoven quería que la muerte a tiros fuese realmente horrible, para así experimentar mayor grandeza en su resurrección) y se da cuenta de que ha perdido su identidad, su antigua vida. Su esposa y su hijo se han ido para siempre. Así que se enfrenta a lo único que puede enfrentarse, a sus asesinos. Busca cumplida venganza (no exenta de violencia y gore). De hecho, la película es bastante exagerada: ya la muerte de Murphy es muy sangrienta, pero posteriormente, la muerte del ejecutivo a manos del ED 209, la de los malos (el que recibe un baño de ácido y es posteriormente destrozado por una furgoneta es impresionante). Una vez muertos sus asesinos, Robocop (tal vez) pueda volver a ser Murphy de nuevo.
La película cuenta con dos secuelas, la primera, Robocop 2, es un comic de accion hiper violento, guionizada por Frank Miller, con mucha mala leche y humor negro, en absoluto despreciable. Robocop 3, por el contrario, además de hundir la prometedora carrera de su director, Fred Dekker, y de no contar ya con Peter Weller tras el traje, tiene una trama estúpida que intenta ser más comercial, convirtiendo en Robocop en "salvador de los pobres" y dandole una nueva aliada, una niña repelente experta en ordenadores que todo espectador desearía poder asesinar.
La película de Verhoven, sin duda, un clásico de la ciencia ficción. Inolvidable.

Carretera perdida



David Lynch, autor de joyas como "Terciopelo azul" o la serie Twin Peaks, y en los noventa comenzó a hacer películas deudoras de su ópera prima "Cabeza borradora". Es decir, películas raras, incoherentes, a veces sin ninguna lógica, bizarras, sin sentido... y fascinantes. Carretera perdida fue una de ellas, probablemente la más críptica y extraña. Tiene tantos admiradores como gente que la odia profundamente, no parece existir término medio. Contando con la música de su compositor habitual, Angelo Baladametti, y como actores, Bill Pullman, Patricia Arquette, Baltazar Ghetty, Robert Loggia y Robert Blake.
Todo comienza cuando un apático saxofonista, Fred Madison (Pullman) que está solo en casa, recibe un extraño mensaje en su contestador: "Dick Laurent está muerto". Eso es todo, a partir de ahí comienza la caída en picado. Fred tiene una esposa, René (Arquette) morena y guapa, de la que siempre se siente terriblemente celoso. Una mañana, encuentran en el buzón una cinta donde alguien se limita a grabar el exterior de la casa. Durante una fiesta, Fred ve a un extraño hombre pálido que parece saber algo sobre él, y que le causa una terrible sensación... poco después, reciben otra donde les graban en su dormitorio. Llaman a la policía, que no saca nada en claro, pero promete protegerles. Poco después, sin embargo, René aparece muerta, y parece ser Fred el culpable.
Es sentenciado a muerte, pero mientras espera en su celda del corredor de la muerte, desaparece, y en su lugar aparece otro hombre, Pete Dayton (Ghetti). Aquí comienza la paranoia. Es imposible, ¿como se han cambiado esos hombres? ¿Donde está Pete? lynch, sin embargo, nos conduce en la historia por los cauces que a él les interesan. Pete resulta que es mecánico en un taller, y vive con sus padres. Según parece, desapareció semanas atrás. Es devuelto a su vida, y en el taller se hace amigo de un mafioso, el señor Edy (Loggia) cuya amante resulta ser un clon IDENTICO de René, excepto en el pelo, la "nueva" Alice, es rubia. Pronto, Pete y ella se enrrollan, y traman un plan para deshacerse del señor Edy (que no es más que un alias, su verdadero nombre es Dick Laurent... ¿os suena?)

El "hombre misterioso" que amargará la existencia a Fred

Todo esto es solo el principio. La película se vuelve por momentos más surrealista. No hay lógica, no hay línea argumental, ni empieza, ni termina. Pasan cosas, algunas sabemos y entendemos, otras, no. Los personajes pululan por la historia en silencio, cumpliendo su función, pero el público, muchas veces, no lo entiende. Un desaforado viaje a los infiernos personales de alguien (de Madison o de Dayton). En realidad, se le han dado muchas, muchas interpretaciones a este film. Desde la típica historia de un músico que vende su alma al diablo (en este caso, a cambio de venganza por los cuernos que le pone su mujer) a la teoría mas extendida entre los fans de Lynch, la de la fuga psicogénica. Parece ser una enfermedad psicológica real, que se ha dado muy poco. Según esta teoría, Fred ha matado a su esposa por celos, y es condenado a muerte por ello. Su instinto de culpabilidad le destroza, se vuelve loco, no puede aguantar la idea de que ha matado a su mujer y va a ser condenado a muerte en la silla eléctrico. Por ello, su mente se desdobla, se convierte en un esquizoide con múltiples personalidades y se crea, dentro de su mente, otro mundo paralelo donde las cosas son como a él le gustaría que fueran: "su" mujer le ama, consigue venganza contra Dick Laurent, todo va bien. Pero hacia el final, va siendo progresivamente consicente de la verdadera realidad que le rodea, lo que causa todas esas paranoias en los últimos minutos del filme...
El interesante personaje, llamado simplemente "Hombre misterioso" que interpreta Robert Blake, podría ser, según la teoría, algo distinto. Desde el diablo que ha comprado el alma de Fred y quiere cobrársela hasta su propia conciencia, su "alarma de realidad" que intenta hacerle "despertar. Hacia el final de la película, así parece querer indicárselo, respecto al personaje de Arquette. "No se llama Alice, se llama René. Si alguna vez te dijo que se llamaba Alice, te mintió".
Estrenada la película, Lynch tuvo que soportar muchas pullas. La gente la odiaba, no la comprendían, el público la aborrecía. No es una película que explique cosas, no es para todos los paladares, simplemente propone un juego, puedes aceptarlo, entrar en él y dejarte llevar por sus misterios, o mirar la película con los ojos de la lógica y aburrirte sin entender nada. Sin embargo, la crítica se mostró mucho más benigna de lo habitual, y hoy la película tiene muchos fans... casi tantos como detractores.
En resumen, un saxofonista que (quizas) ha vendido su alma al diablo tras matar a su mujer, y que (quizas) desaparece de su celda y en su lugar aparece otro joven que conoce a una joven fascinante y atractiva, con la que se liará para matar al tal Dick Laurent que (quizá) metió a su mujer René en el mundo de la prostitución... Lynch ha vuelto a dirigir otra película realmente extraña e incoherente "Mullholland Drive" que obtuvo bastante más exito. Con todo, a día de hoy Carretera perdida está considerada una de las mejores películas de Lynch, críptica, ilógica y fascinante. Si os gustan las películas complejas y los misterios sin explicación, no deberías dejarla pasar.