domingo, 16 de septiembre de 2007

Al final de la escalera



Al final de la escalera es, quizás, una de las últimas obras maestras del género de casas encantadas. Una de sus últimas películas dignas, capaz de aterrorizar simplemente con una pelotita roja y blanca bajando por unas escaleras... porque nosotros sabemos que esa pelota no debe, no puede estar ahí.
Dirigida en 1981 por el desconocidísimo Peter Medak, un irector que ha resultado ser bastante camaleónico, la historia que se nos cuenta es la de John Rusell (George C Scott, maravilloso) un maduro compositor de piano que, en el prólogo, durante las vacaciones, pierde en un aparatoso accidente a su esposa y a su hija. Meses después, acepta una plaza como profesor de música en Estados Unidos, y se muda a casa de unos amigos, mientras busca una casa que alquilar. Encontrará una finalmente, una enorme y abandonada llena de habitaciones vacias, algunas cerradas y tapiadas... pronto, John comenzará a oír y ver cosas: un ruido como de golpes, a la misma hora todas las mañanas, gemidos, quejidos... el grifo de la bañera se abre solo, y John cree entrever un día, el rostro de un niño hundido en ella.
Asustado, con ayuda de la mujer que le vendió la casa, Clare, decide iniciar una investigación. Descubre primero que los archivos sobre la casa están incompletos, y que a principios del siglo XX, en la casa vivían los poderosos Carmichael, cuyo último descendiente es un importante senador del estado actualmente. John celebra una sesión de espiritismo en la que el espíritu de un niño de cinco años llamado "Joseph Carmichael" le pide su ayuda. Poco después, John sigue la pista de los Carmichael hasta una de sus antiguas casas, donde la mujer que la habita asegura que su hija ha visto repetidas veces el espíritu de un niño pequeño. John abre el suelo de la habitación y descubre un pozo donde hay enterrados unos huesos infantiles y una medallita con el nombre de Joseph Carmichael. Una intriga de proporciones políticas, olvidada décadas antes, empieza a despertar, y el alma en pena de un niño exige justicia...
Lo más inteligente de esta película es que el ser que habita la casa no es una entidad maligna, ni siquiera vengativa, es solo el alma de un niño que no puede descansar por un antiguo crimen que ni siquiera se conoce. Lo que no impide que, en sus apariciones (en la bañera, su voz durante la sesión de espiritismo, o la aparición de su vieja silla de ruedas bajando por las escaleras) consiga provocar auténticos escalofríos al espectador.
George C. Scott está magnífico en el papel del torturado músico que ha perdido a su mujer y a su hija, y se encuentra, de alguna forma, con un espíritu afin al suyo, un niño que no puede descansar en paz. Su obsesión por averiguar la verdad durante toda la película está muy bien llevada, no hay nada que chirrie: actúa como actuaría una persona real si descubriese lo que él descubre. Melvyn Dougas está espléndido como ese anciano decrépito, en sus últimos días de gloria, pero todavía muy poderoso, también es un alma torturada que intuye que se cometió una injusticia en el pasado, pero que se niega a averiguar la verdad por miedo a que esa verdad le quite todo su poder.

John se ve obligado a meterse de lleno en un asunto del pasado

Una extraordinaria película de fantasmas bien rodada y con grandes actuaciones que se recordarán mucho tiempo después de apretar el stop. Al final se sabrá todo, el porqué de los golpes, el porqué de la importancia del agua en la película... al espectador dejo el gran placer de descubrir por si mismo la intriga. Imprescindible.

La casa de los líos

sábado, 15 de septiembre de 2007

En compañía de lobos



En pleno resurgir de los licántropos en el cine, en 1984, nos llega una de las más extrañas, bellas y sugerentes muestras de cine fantástico, de la mano del artesano Neil Jordan (Entrevista con el vampiro, In Dreams). Una película rara, con unos escenarios surrealistas, confusión y gran cantidad de lenguaje simbólico.
Asistimos a un prólogo en la actualidad, en una casa en el bosque. Una pareja llega a casa, y pide a su hija mayor que despierte a la menor, la cual se ha encerrado en la habitación, y duerme entre peluches, teniendo extraños sueños, con los labios pintados de rojo. Rosaleen ha tenido su primera menstruación, lo que desbocará su mente a toda clase de sueños de imposible explicación.
De pronto, en el sueño, Rosaleen vive con su familia en un bosque del siglo XVII, y su hermana mayor ha muerto devoraa por los lobos. Se celebra su funeral, y los padres de Rosaleen, destrozados, deciden mandar a su hija menor con su abuela (Angela Lansbury) para estar un tiempo solos. La abuela, una mujer puritana en extremo, le advierte del peligro de "apartarse del sendero" porque muchos hombres son "lobos por dentro". Más tarde, le contará la historia de una mujer que se casó con un misterioso nómada, pero al ser su noche de bodas luna llena, el marido desapareció. Con el tiempo, ella volvió a casarse y tuvo hijos, pero una noche, el nómada volvió, convertido en fiera...
Se nos contarán otros cuentos, con el del muchacho "que hizo un pacto con el Diablo para quedarse siempre joven en la Tierra", y la propia Rosaleen contará a su mare una historia de la abuela, sobre una plebeya de la que abusa un noble, que más tarde se casa con otra mujer ignorando sus responsabilidades hacia la plebeya, que está embarazada. Pero esta tiene el poder de hacer que la gente se convierta en lobo, así que acudirá al festín de la boda para cobrarse su venganza.
Se nos muestran también escenas de la vida de Rosaleen: su padre va a cazar lobos con los hombres del pueblo, mata uno y le corta la pata como trofeo, pero al volver a casa, en su bolsillo hay una mano humana... por otra parte, Rosaleen tiene su primera cita con un muchacho del pueblo, pasean, y ella se aleja, encontra un enorme árbol (de imagen simbólciamente fálica) y lo escala, llegando arriba, donde hay un nido, donde hay un espejo, un pintalabios y un huevo. Al abrir el huevo, encontrará la imagen de un bebé.

El banquete de los "aristócratas"

Más tarde, Rosaleen va a ver a la abuela para llevarle algo de merendar (vestida con la caperuza roja que la abuela le ha tejido, curiosamente) y se encuentra con un joven agradable, refinado, de buenas maneras, pero que tiene las cejas unidas en la frente. Su abuela le había dicho que nunca jamás debía hacer caso a este tipo de hombres, pero la chica se siente atraída por el caballero. meriendan juntos, y después hacen una apuesta: si él llega antes a la casa de la abuela, Rosaleen tendrá que darle un beso...
La película está llena de simobolismo. Raro es el plano en el que no aparece un lobo, un sapo, un insecto o algún ave. Una película de final incierto, pero tan sugerente que es imposible no verlo hasta el final. Una de las más extrañas muestras que nos lega el cine fantástico, una película inteligente (género, por desgracia casi desaparecido en nuestros días) Extraña e imprescindible.

Christine



Había nacido en Detroit... en una cadena de automóviles. Así comienza Christine, una adaptación de una novela de King, dirigida por John Carpenter. Ha sido considerada una de las peores adaptaciones del escritor de Maine, y una de las peores películas de su director. No obstante, yo la considero una pequeña joya en absoluto despreciable, interesate y entretenida, aunque cierto es que prácticamente, cualquier parecido con la novela es pura coincidencia, abandonano la mayoría de las ideas y planteamientos de King para quedarse, simplemente, con que el coche es malo por si mismo.
En un pequeño pueblo de Maine vive Arnie Cunningham, un muchacho de gafas gruesas, cara poblada de granos, vestimenta estrafalaria, poca seguridad en si mismo y padres dominantes. Su único amigo es Dennis, uno de los tipos "populares" de la escuela, cuya amistad deriva de la infancia, y gracias a la cual Arnie sobrevive más o menos de los abusos de las pandillas de delincuentes. Una tarde, al volver a casa de la escuela, pasan junto a un garaje donde languidece un viejo Plymouth Fury del 58, convertido en una ruina. Arnie se enamora a primera vista del coche, y toma la determinación de restaurarlo. El coche lo vende un anciano decrépito, que les cuenta que "Christine" pertenecía a su hermano hasta que murió. Su hermanoe staba completamente enamorado del coche, la llamaba por ese nombre de pila, y se pasaba la vida en él.
A pesar de las sucesivas peleas que provocará en casa, cuando sus padres comprueben que su dominio sobre el chico se ha debilitado, a pesar de la gran cantidad de dinero que Arnie va a necesitar... él va a restaurar a Christine, y lástima de quien intente impedirlo. La lleva a un garaje donde, para su desgracia, también llevan a arreglar sus coches Buddy Repperton y sus amigos, la peor banda de la escuela.
Dennis va observando como su amigo cambia. Como Christine va mostrando síntomas de mejoría, como su motor vuelve a sonar, como su tubo de escape vuelve a funcionar, como su tapicería vuelve a ser la que era y su carrocería blanca y roja brilla más que nunca. Y a la vez, Arnie gana seguridad, su cara mejora casi al mismo instante que la carrocería de su coche, abandona las gafas y la vestimenta de empollón por una cazadora roja... y su petulancia y egocentrismo crecen proporcionalmente. Ya nada puede interponerse entre él y Christine. Arnie espera que Dennis se una a ellos en su lucha contra los "cerdos", pero todo se complica cuando Leigh, la chica más guapa de la escuela, se fija en Arnie, ahora que este ha cambiado, y Arnie la corresponde. Por otra parte, la pandilla de Repperton decide destruir el coche como venganza, porque Arnie les delató al director de la escuela y fueron expulsados... los celos de Christine y el odio de Arnie hacia toda la raza humana precipitarán la situación a una terrible venganza.
Aunque la película tiene un ritmo irregular, mezclando momentos de gran tensión con escenas huecas destinadas a rellenar la información (y el metraje) y la mayoría de los actores escogidos no dan la talla necesaria para convertir el film en un clásico, hay escenas que quedan grabadas en la retina: la primera aparición de Christine, convertida en una ruina, a pesar de lo cual, seduce al joven Arnie; el coche en su primer asesinato, persiguiendo al muchacho gordo por las calles, el coche envuelto en llamas, o su primera aparición tras su restauración, durante el partido de rugby. la escena en la que los matones destrozan el coche casi parece una escena de una paliza, y tiene bastante fuerza. Pero me quedo con la escena en la que Dennis y Arnie celebran la Nochevieja, montan en Christine para que Arnie lleve a su amigo a casa, y Arnie se muestra completamente poseído. Dennis debe estar de su lado, le explica, pues los demás le han traicionado. Entre los tres les ajustarán las cuentas a todos. Arnie suelta el volante de su coche y este se conduce todo. "No hay nada mejor para un hombre que ir al volante de su propio coche", ruge, para terminar advirtiendo a Dennis las consecuencias que conllevaría el traicionarles: "Ya sabes lo que les pasa a los cerdos que nos la juegan, ¿Verdad Dennis?".

Tal vez el principal problema de la película es que el coche es demasiado bonito para dar miedo

En su último tercio, la película pierde brío, centrándose en la investigación de Dennis y Leigh sobre el anterior propietario de Christine, y en su romance. Cuando Arnie descubre la "traición" todo se precipita, en un final bastante insatisfactorio... eso si, el último plano del film es sencillamente impagable. Humor al estilo Carpenter 100%.
Aunque la película es, como he dicho, irregular y fallida, atesora suficientes momentos interesantes para recomendar su visionado, pese a que, cada vez que sugiere una idea prometedora, la desbarata a los cinco minutos. Entretenida.

In Natural (The Stuff)



Larry Cohen es un director incendiario. Un rey de la serie B "neoyorquina" cuya carrera está plagada de grandes películas, salvo sus últimos trabajos, más discretitos. Y desde hace diez, se dedica más a los guiones que a dirigir las historias, pero suyo es el guión de "Última llamada" de Joel Schumacher, por ejemplo.
Una de sus películas más celebradas es The Stuff (en España editada en video como In natural). Si preguntais por ella en la calle, probablemente nadie la conocerá, pero si hablais de la peli "del yogur asesino que se mueve" casi todo el mundo la ha visto o la ha oído mencionar, ya que la han pasado bastantes veces por la televisión (yo la he visto en Antena 3 y en La2).
¿De que va la película? Del Stuff. Es un nuevo y revolucionario postre. Dietético, sabroso, barato, bien promocionado... todo el mundo lo consume con deleite. Pero el pequeño Jason no lo quiere. E intenta que ni sus padres ni su hermano lo consuman. Una noche bajó a la cocina, y vio el Stuff moviéndose por la nevera con vida propia. Por supuesto, nadie le cree. Y su familia es cada vez más adicta, hasta el punto en que su madre no compra otra cosa, hasta el punto en que intentar obligar físicamente a su hijo a consumirlo.
Es entonces cuando entra en escena un espía industrial de aspecto estúpido, pero más listo que el hambre, Rutherford (Michael Moriarty, habitual de Cohen aquí tan espléndido y rebosante de carisma como siempre) contratado por una gran compañía fabricante de postres, que ve imposible competir con el Stuff y contratan a Rutherford para que destruya la compañía. El espía va investigando, y descubre que el pueblecito donde el postre fue probado originalmente ha sido destruido, y que todos los accionistas y los que saben algo sobre el origen del producto son adictos e incapaces de ayudarle en la investigación. Poco después, Rutherford rescata a Jason de su familia, que intentaba obligarle a consumir el postre, y juntos "fichan" a Nicole, una modelo que hizo popular el postre Stuff con sus anuncios, y que al saber de sus efectos nocivos, arrepentida, decide ayudarles a averiguar la verdad. No tardarán en descubrir que hay toda una conspiración detrás del postre, que además de ser adictivo, acaba por comerse a sus consumidores por dentro, convirtiéndoles en simples cáscaras sin voluntad. Para conseguir algo de fuerza armada, Rutherford recurre a un general que vive aislado en una fortaleza con sus hombres, y le convence para que les ayude, diciéndole que los creadores del Stuff son comunistas...
Un argumento delirante de lo más "serie B", pero bien rodado, con un presupuesto modesto más que suficiente, buenos efectos especiales... una alegoría anti consumista y una moraleja sobre las drogas, sobre todo las más peligrosas (las que no están ilegalizadas y se anuncian por todas partes). Un final lleno de la típica mala leche de Cohen pone broche final a una estupenda y entretenidísima historia, original, bien narrada y perfectamente capaz de hacer pasar al espectador un rato agradable y divertido.
NOTA: La película, como ya he dicho, gozó de una edición en vídeo, de la distribuidora Video8. Todavía no está editada en nuestro país, pero hay en emule un montaje con la imagen del DVD americano y el sonido de nuestro VHS, más que aceptable.

Luego dicen que el yogur es sano...

El misterio de Salem's Lot



Stephen King siempre ha mantenido buenas relaciones comerciales con el cine. pocas son las novelas suyas que quedan sin tener una adaptación, o incluso varias. Lo fascinante es que las adaptaciones de sus novelas son de todo tipo: desde superproducciones con todo lujo de detalles y con genios al cine al frente, como Brian DePalma o Stanely Kubrich, hasta sub productos directos a televisión o a vídeo, dirigidos por desconocidos o por irectores de segunda fila mediocres. Y entre ambos estados se encuentra esta pequeña joya, que unió a toda una generación en unánime terror, y convirtió varias de sus escenas en las más memorables del género vampírico.
Basada en la novela de King "La hora del vampiro", la película fue dirigida por Tobe Hopper (La Matanza de Texas) como una miniserie televisiva, dada su larga duración. Se nos cuenta la historia de Ben mears (David Soul) un famoso escritor que regresa a su pueblo natal, Salem's Lot, con intención de alquilar la tenebrosa casa Marsten, donde, de niño, vivió una terrible experiencia que le marcó para siempre. Ahora, ya adulto y tras la muerte de su mujer, pretende exorcizar sus temores infantiles.
Sin embargo, la casa está ya alquilada por un anticuario, el señor Straker, un caballero refinado, educado y encantador, que es quien se ocupa de la venta al público y las relaciones públicas, mientras su invisible socio, el señor Barlow, viaja por todo el mundo de compras... Ben conoce y se enamora de Susan, una muchacha del pueblo, y entabla amistad con un viejo profesor suyo, el señor Burke, a quien le cuenta sus temores y su intención de escribir un libro sobre la casa Marsten.
Sin embargo, una serie de hechos encadenados en progresión de gravedad destruirán el pequeño pueblo y a sus habitantes: perros sacrificados en el cementerio, un enorme cajón traído de Londres con destino a la casa Marsten, la desaparición de dos hermanos, y la aparición de solo uno de ellos, que muere poco después, inexplicablemente desangrado... el señor Barlow es enrealidad un monstruoso nosferatu de color azul, que pretende convertir el pueblo en un criadero de vampiros. Solo Ben, Burke, Susan, y Mark, un muchacho aficionado a los comics y a las películas de vampiros, que vio a uno de los niños muertos en su ventana, intentarán hacer frente a la amenaza...
La película unió a toda una generación. Incluso mis padres, poco aficionados a las películas el género, recuerdan perfectamente la película, pasada por televisión cuando solo existían TVE1 y La2, y casi todo el mundo ha visto o ha oído hablar de la escena "del niño vampiro en la ventana", una de las más inquetantes del subgénero. Dirigida en 1979, fue la primera película en poner a un vampiro en la actualidad, de forma bastante novedosa (esto gracias al tratamiento de la novela de King) y resultó bien parada. Tuvo una secuela en los ochenta "Retorno a Salem Lot", un subproducto directo a vídeo que solo tenía en común con el original el pueblo donde suceía todo. En el 2006 hicieron un remake, más fiel a la novela, pero mucho menos atmosférico. La original queda como una pequeña joya de la que no me queda más que recomendar encarecidamente su visionado.
NOTA: La película fue estrenada aquí con el absurdo título de "Phantasma II" para aprovechar el tirón de "Phantasm" una película de culto de bastante éxito estrenada poco antes en nuestro país. Comentar también que existen DOS versiones muy diferentes de la película, una, la miniserie completa, conocida como "El misterio de Salems Lot", pero tras su éxito en la pequeña pantalla, recortaron toda la serie quitando todas las tramas secundarias, y estrenaron el refrito en cines con el título de Phantasma II. También con ese nombre se vio la versión reducida en video (y es la unica a la que pude acceder yo hasta hace poco). El verano pasado, salió en DVD en nuestro pais, en una edición de dos discos, la versión completa, aunque salió con el nombre de "Phantasma 2". Recomiendo ver la versión completa antes que la recortada para cine, que resulta incoherente y se nota demasiado que muchos datos jugosos se han quedado fuera.

El famoso "niño vampiro".

La invasión de los ultracuerpos



En 1956 Don Siegel adaptó a la pantalla la novela de Jack Finney "La invasión de los ladrones e cuerpos". La película resultante no solo es un clásico indiscutible de la ciencia ficción, y una película todavía hoy capaz de generar gran tensión durante el visionado, sino que además, tuvo dos remakes y pronto nos llegará el cuarto (con Nicole Kidman nada menos).
Sin embargo, el único remake que ha conseguido rescatar la atmósfera de tensión, desconfianza, fragilidad y soledad es el que nos ocupa, La invasión de los ultracuerpos, dirigida por Philliph Kaufkman en 1978 y protagonizada por Donald Sutherland, Brooke Adams, Jeff Goldblum y Leonard Nimoy (en un sorprendente y competente papel). Se considera esta película como uno de os pocos remakes de calidad, junto con las mencionadas "La mosca" o "El beso de la pantera".
San Francisco. Elizabeth Driscoll es una científica que recoge en un parque unas extrañas flores, de una clase que jamás ha visto. De noche, deja una de las flores en un vaso de agua, junto al lado de la cama de su marido Jeffrey, un tipo vivaracho, despierto, simpático y fanático del fútbol.
Por la mañana, Elizabeth despierta a tiempo para descubrir a Jeffrey entregando una bolsa de basura al servicio de basureros. Y a partir de entonces, el comportamiento de Jeffrey cambia por completo: no parece interesado ya ni en el fútbol ni en su esposa, y se reúne durante el día con extraños grupos de personas... asustada por el drástico cambio, Elizabeth le explica la situación a su amigo Matthew (Sutherland) del ministerio de Sanidad, que comienza a investigar junto con su amigo escritor, Jack Belicec, y su esposa. A la vez, temiendo que Elizabeth esté pasando por una crisis, le presenta a su amigo, el psiquiatra David Kibner (Nimoy) que le explica que varios pacientes sin ninguna relación entre si han acudido a él con una historia, según la cual, un pariente cercano suyo ya no es la persona que era.
Matthew continúa con su investigación, y pronto tendrá motivos para preocuparse: nadie parece tomarse el tema en serio, las personas que dijeron que sus familiares habían cambiado rectifican su actitud, y finalmente, Jack encuentra en la sala de baños turcos que regenta junto a su esposa, un cadáver a medio hacer, que presenta sus mismas características físicas...
La pèlícula presenta un tema tan antiguo como el mismo hombre: la usurpación de la identidad. Está claro que esas extrañas flores provienen del espacio, y que son seres inteligentes cuya función es absorber los cerebros humanos y duplicar así los cuerpos... lo único que los protagonistas tendrán que hacer es huir de la ciudad e intentar no ser tomados por locos... si es que queda alguien en la ciudad que sea lo que aparenta ser. Esos brillantes planos de Sutherland caminando por las calles y chocándose con personas que caminan ausentes, sin reparar en él, mientras oímos en off sus conversaciones con las autoridades, que por supuesto, no le creen, o el hombre que resulta atropellado mientras intenta avisar del peligro inminente que corren (el actor que interpretaba al protagonista de la versión de 1956) y después, desaparece sin que a nadie le importe. Estamos incomunicados en una sociedad donde la gente ya no se preocupa más que por su propio pellejo, ya no buscan relaciones sociales, y procuran por todos los medios evitar intervenir en asuntos que no les competen, como explica el doctor Kibner a Elizabeth. En medio de ese San Francisco frío y despersonalizado, solo unas pocas personas se dan cuenta de que quienes les rodean ya no son humanos. La insensibilización y la soledad son la tumba de nuestra especie, parece querer decirnos Kaufkman, mientras que la extraña raza extraterrestre que ha venido a ocupar nuestro planeta ha sobrevivido a lo largo de varias eras de viaje por el espacio porque han aprendido que lo importante es la raza, no el individuo.
Excepcional obra maestra sobre la incomunicación urbana y la frialdad humana, donde ya no nos es posible distinguir a nuestro vecino, a nuestro o a nuestro padre, de una simple imitación perfecta de su apariencia exterior. El mismo mensaje que quería promulgar "La cosa" de John Carpenter, pero con un final que mejora notablemente la película del genio Carpenter. Absolutamente IMPRESCINDIBLE.

El diablo sobre ruedas



La primera película de Steven Spielberg, que le lanzó a la fuma, iba a ser en principio, una simple película para televisión sin más relevancia. Pero los productores, al comprobar el espléndido estilo con el que Spielberg estaba pergreñando el trabajo, decidieron alargar un poco el presupuesto para que el director rodase algunas escenas que permitiesen a la película tener suficiente metraje para acceder a salas de cine. El resultado lo conocemos todos, y hoy en día la película es una obra maestra, modesta, pero modélica.
Nos encontramos en la carretera, a bordo de un coche conducido por un viajante de clase media llamado David Mann. Se nos dan unos pocos detalles de su personalidad, débil, cobarde, dominado por su mujer (en mi casa no mando yo, murmura en una ocasión, tras pedir disculpas por teléfono a su esposa, por una discusión anterior). Un ser pusilánime y acobardado ante la vida. Y de pronto, aparece en la carretera el viejo camión. Un enorme camión de transporte desvencijado, cubierto de polvo, que asediará a nuestro protagonista en una odisea de horror.
Nunca veremos al conductor del camión, solo un brazo peludo asomando por la ventanilla del camión. Eso será todo lo que conozcamos de un ser evidentemente sobrenatural, que tanto podría ser el mismísimo Diablo como una manifestación de los temores del protagonista.
En toda la película, David Mann muestra un comportamiento más que cobarde, infantil. Busca estúpidas justificaciones para la persecución que sufre, incluso se culpa a si mismo, creyendo haber hecho algo que haya irritado al conductor. Le deja pasar adelantarle, se esconde de él, reduce la velocidad, incapaz de enfrentarse a una situación de tensión. Y cuando lo hace, creyendo haber identificado al conductor en un bar de carretera, pues el camión se halla fuera, hace el ridículo de la manera más espantosa y recibe una paliza por acusar al hombre equivocado.
De nuevo en la carretera, la persecución continúa y la situación seguirá creciendo en tensión, hasta un punto prácticamente insoportable, tanto para el protagonista como para el espectador, hasta el final (muy similar al de su siguiente película, Tiburón).
En resumen, tenemos al hombre frente a la máquina: David Mann representa claramente un prototipo de persona (David, como el hombre que venció al gigante Goliath, y Mann, aunque escrito con dos enes, es inequivocamente hombre en inglés). Un hombre que solo podrá librarse de la angustiosa pesadilla en la que se ha visto envuelto sin comer ni beberlo, cuando se comporte de forma adulta y haga frente a sus responsabilidades.
El joven Spielberg supo plasmar perfectamente el terror el hombre ante lo desconocido en esta brillante ópera prima que le abrió las puertas de Hollywood y le consiguió la fama que le permitiría dirigir su siguiente película, Tiburón. El resto, ya es historia.
En cualquier caso, una película corta, intensa y que no pierde el tiempo en rellenar su metraje con escenas innecesarias. No hay ni un solo plano que sobre. El film es practicamente mudo, salvo por un par de conversaciones y por los pensameintos del protagonista, que solo nosotros oiremos y que conforme avance la película, serán cada vez más desquiciados. Imprescindible.
El hombre esperando para enfrentarse con la máquina...