domingo, 13 de julio de 2008

1997... Rescate en Nueva York



Tras dirigir dos pequeñas joyas enclavadas en el género del terror "La noche de Halloween" y "La niebla", quizás por miedo a encasillarse en aquellos primerizos tiempos, John Carpenter decidió cambiar de rumbo y atreverse con una película de acción futurista, tan anti utópica y fatalista como suele serlo la obra de este hombre a la hora de juzgar a sus congéneres, los seres humanos. Las incursiones de Carpenter en la ciencia ficción pura son escasas, pero todas intensísimas, desde la presente y su secuela "2013 Rescate en Los Angeles" a esa maravilla titulada "Están vivos".
Producida por la independiente Avco Embassy, que ya se había hecho cargo de la anterior "La niebla" Carpenter contó con Kurt Rusell, quien inmortalizaría al personaje de Plissken "el Serpiente", un mercenario duro, solitario, amargado e individualista.
La historia que se nos presenta en los títulos de crédito cuenta como el gobierno americano, ante la preocupación por la vertiginosa ascensión del número de delitos cometidos en su territorio, convierte Nueva York en una enorme prisión, en el año 1988. Así, todos los accesos a la prisión están minados o inundados, y se vigila a los prisioneros desde la mismísima Estatua de la Libertad, evitando así las fugas. Dentro de la prisión no hay guardias, rige la ley de la selva, y la única acción policial se sucede siempre para evitar fugas.
En 1997, el Presidente de Estados Unidos (adecuadísimo Donald Pleaseance) sobrevuela la ciudad en el Air Force One para dirigirse a una conferencia en la cumbre, con los representantes de China y la Urss, llevando atado a su muñeca un maletín que contiene una grabación cuyo contenido sobre fusión nuclear podría evitar una nueva guerra mundial. Por desgracia, su avión es secuestrado por una guerrilla revolucionaria y estrellado en Nueva York en una maniobra suicida, de la que el Presidente se salva saltando del avión en una cápsula, y cayendo en algún punto de la prisión.

Serpiente se toma un descanso entre las ruinas de la Gran Manzana

El jefe de policía de la isla, Bob Hauk (excelente Lee Van Cleef) intenta rescatarle, pero un tenebroso secuaz le advierte que ha sido secuestrado y le matarán si no se cumplen todas sus exigencias. Obligados a permanecer lejos de la isla, Hauk decide recurrir a un prisionero recién llegado que iba a ser condenado a cadena perpetua en la prisión: Serpiente Plissken (Kurt Rusell en el papel de su vida) un antiguo héroe de guerra repetidamente condecorado que, sintiéndose traicionado por su país, se convirtió en mercenario y fue capturado robando en el Depósito de Reserva Federal. Hauk le ofrece la libertad y la retirada de todos los cargos si rescata al Presidente en 22 horas, que es el tiempo que durará la conferencia. Sin embargo, conociendo el carácter de superviviente solitario de Plissken, le inserta dos micro bombas en el cuello, que explotarán exactamente en 22 horas. Naturalmente, hay un antídoto para él... siempre y cuando salve al presidente a tiempo.
Con el tiempo en su contra, Serpiente aterriza con un aeroplano en la azotea del World Trade Center, y tendrá que atravesar la ciudad, rodeado de peligros de todo tipo y contando con varios aliados a la fuerza; un simpático taxista (Ernest Borgnine) un antiguo socio que le traicionó (Harry Dean Stanton) y la novia de este (Adrienne Barbeau). Juntos intentarán rescatar al presidente, que está en poder del máximo líder de la isla, un hombre conocido como el Duque (Isaac Hayes)...
Carpenter comienza cargando las tintas desde el mismo inicio, presentando un Estados Unidos teóricamente futuro, donde un gobierno totalitario, aprovechando la excusa de combatir el crimen, ha convertido el país en una fuerza militar, y aprovecha para meter a cualquiera que no case con sus ideales en la prisión de Nueva York. Así, el Serpiente es un antiguo militar, un héroe de guerra, una leyenda viva más que una persona (todo aquel con quien se topa le dice que le creían muerto) un hombre hastiado de la sociedad en la que vive, y a la que un día sirvió, y que a los ojos de esa misma sociedad se ha convertido en un inútil, en un auténtico peligro para el orden establecido. No importa que una vez fuera "de los buenos", una vez ha cometido un delito, es automáticamente deportado a la prisión. Pero cuando surge esta misión imposible, es el único hombre a quien pueden recurrir las autoridades.

Plissken se enfrenta al jefe de policía de la isla, Hauk

También es interesante comparar las dos "figuras de autoridad" del filme: un Presidente de los USA pusilánime, cobarde y reaccionario, que se deja humillar y pierde la compostura cuando se supone que representa a la nación más poderosa del mundo, mostrando, en los últimos minutos del filme, un comportamiento psicopático. Carpenter lo presenta con un ojo morado, atado, humillado, con una peluca rubia (de hecho, el guión llevaba escrito desde 1974, pero nadie quiso hacerse cargo porque el presidente de la nación resultaba humillado). Cierto comentario suyo, completamente hipócrita y de cara a la galería, hará que Plissken le mire con auténtico asco.
Por otro lado, tenemos al Duque, líder absoluto de la prisión ante quien parecen responder todos. Pero no es un dictador, como lo podría ser el propio Presidente, sino que parece un hombre a quien se le intuye que busca el beneficio para toda su gente (pide a cambio de la vida del Presidente la liberación de todos los prisioneros de Nueva York).
Así pues, tenemos a un anti héroe, el más reconocible de la filmografía carpenteriana, empujado a realizar una misión casi imposible si no quiere morir, manipulado por las autoridades a las que un día perteneció, obligado a ir a un lugar del que nadie puede regresar. El aspecto de Rusell en la pelícual es sumamente gráfico: su barba de varios días, su desgreñada melena, su cazadora de aviador, su parche en el ojo, sus poses críticas y sus frases cortantes, desganadas, o la insistencia en que se llame por su apodo, son pequeñas piezas que conjugan un puzzle particularmente apetecible, un personaje que, sin llegar a ser despreciable, está muy lejos del héroe tradicional (ese mismo año se estrenarían "En busca del arca perdida" y "Superman 2").
Es admirable la dirección artística del filme, que recrea un Nueva York sucio, destruido, abandonado a la barbarie, con edificios derruidos, coches desvalijados y apilados, hogueras en las calles y bandas de todo tipo que pueblan el lugar, desde simples saqueadores a una impresionante banda de caníbales que viven en el subsuelo, y cuya única aparición es suficiente para que quede en nuestra memoria, como ponen en jaque al héroe, atrapando a la mujer que acaba de conocer en el Choc o Full Nuts.
También es destacable, y ha pasado a la historia por si sola, la banda sonora, compuesta, como es habitual, por el propio John Carpenter. El tema principal, esa música electrónica y electrizante, sirve a la perfección para introducirnos en el trepidante viaje del "Serpiente", y que ha sido posteriormente retocada en varias ediciones de la Banda Sonora para "modernizarla".
Estrenada el mismo año que la mencionada "En busca del arca perdida", 1997 Rescate en Nueva York es un filme en las antípodas de la película de Spielberg, un filme mucho más cercano al cine negro y/o futurista repleto de mundos devastados, sin principios ni moral, donde los protagonistas de la función eran tan duros, fríos y crueles en sus métodos como los mismos malvados a los que perseguían, donde el idealismo y la ingenuidad de los viejos seriales a los que Spielberg pretendía rendir culto no tienen cabida, pues el mundo de Rescate en Nueva York es un mundo sin libertades, sin esperanzas, donde no hay sitio para el individualismo. Conceptos como amistad, lealtad o traición pasean por el filme constantemente, negándose o afirmándose: el personaje de Cerebro traicionó a Plissken en el pasado, por culpa suya este estuvo a punto de ser detenido, pero una vez más le ayudará, más por conveniencia que por verdadera lealtad. Cuando Plissken es atrapado, Cerebro niega haberle ayudado voluntariamente, pero más tarde pide al Duque que no le mate. Maggie siente una absoluta lealtad hacia Cerebro, que será inquebrantable hasta el final; el simpático taxista abandonará a los demás cuando se crea en peligro, pero acudirá a salvarlos en el momento clave, etc.
En 1997, año "titular" de la película, se dirigió la secuela, producida por la Paramount, donde Carpenter, la productora Debra Hill (hace poco fallecida) y el propio Rusell escribieron el guión. Muchos fueron los escépticos que dudaron que Rusell fuese a volver a enfundarse el parche y la cazadora raída, pues en la época del primer filme era un desconocido y en la del segundo, ya una estrella consolidada. Pero Rusell había protagonizado ya cuatro películas con Carpenter, y no iba a negarse a esta. La secuela resulta algo más decepcionante de lo que uno esperaba, y se plantea más como un remake irónico, pero el delicioso y magistral final redime cualquier fallo que pudiera tener.
Ahora se habla de un remake, con el improbable Gerald Butler tomando el relevo detrás del parche del Serpiente. En estos tiempos de lo políticamente correcto, dudo mucho que el remake, si se llega a realizar, tenga una mínima parte de la fuerza que posee todavía hoy en día, la película original, que influyó a no pocas producciones posteriores y todavía hoy sigue presente en las listas de los aficionados al cine post apocalíptico.

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