domingo, 23 de diciembre de 2007

Estoy vivo



A principios de los años setenta, Larry Cohen era un director de serie B neoyorquino, bastante desconocido. Sus únicas películas comerciales eran unas cuantas blaxplotation (películas de y para negros) como "El Padrino de Harlem" por citar la más conocida. Fue en 1972 cuando dirigió por primera vez para un gran estudio, la Warner Brothers, con un presupuesto ajustado, pero sin duda superior a cualquiera de los anterior, que le permitió contar con el maestro de los efectos especiales Rick Baker y, como compositor, el maestro Bernard Herrman en una de sus últimas composiciones para películas.
Los Angeles. Una acaudalada pareja, los Davies, acude al hospital para que ella de a luz, pues es su segundo hijo, aunque en las primeras semanas del parto pensó en no tenerlo, e incluso stuvo tomando píldoras abortivas. Duante el parto, algo sucede, y cuando el marido entre en el quirófano, descubrirá que su hijo ha asesinado de forma grotesca a los médicos, y ha huido. El bebé era un ser monstruoso y anormal. Los Davies vuelven a casa intentando olvidar la experiencia, pero se levanta un debate social en torno a ellos: él pierde su empleo debido a la mala publicidad, y se cree que el motivo de la monstruosidad del bebé se debe a un fallo en las píldoras abortivas. El farmacéutico fabricante pacta con la policía, para que el cuerpo sea destruido una vez hallado el niño, y así no se pueda descubrir su responsabilidad en los hechos, ya que el padre ha donado el cuerpo a la ciencia cuando sea encontrado, a cambio de un contrato laboral. Sin embargo, el monstruoso niño, que ha seguido matando por la ciudad, buscará a sus padres, y primero la madre, y finalmente el pade, comprenderán que se trata de un humano, por monstruoso que sea, y que es su hijo al fin y al cabo.

El dramático parto

El diseño de la criatura por parte de Baker fue bastante bueno, un ser deforme y de apariencia repulsiva. Los asesinatos también tienen su punto de gore, y parece ser que en la época fueron insoportables, si bien hoy en día su violencia está superada. Respecto al bebé, es apenas mostrado durante la película, solo se nos muestran tomas deformadas de su rostro durante los ataques, si bien al final de la película es mostrado al completo. Es to se debe a que a Cohen, más que el monstruo y sus hazañas sangrientas, lo que le interesa es el periplo de sus padres: el deterioro familiar, o el circo mediático que se monta en torno a ellos, la actitud agresiva y poco transparente de las coporaciones farmacéuticas responsables de las píldoras que han causado la mutación, el miedo a la paternidad... en resumen, la respuesta de la sociedad a un fenómeno. Y esta es brutal, pues el niño (que no puede tener conciencia de sus crímenes, y por lo tanto no puede ser moralmente culpado por ellos) se convierte en epicentro de una caza policial, y levanta un gran debate social donde todos están a favor de destruirlo, incluidos sus propios progenitores. Pero, primero la madre, cuando descubra al bebé en casa y lo protege de su marido, que quiere matarlo, y luego el propio padre, que intenta impedir su muerte cuando está atrapado por la policía, aceptan que se trata de algo suyo, les guste o no. Según el propio Cohen "Trataba de hacer sentir simpatía hacia alguien que es distinto. Es una película muy de los setenta, donde los chicos llevaban el pelo largo, fumaban hierba y llevaban una vida límite. Los padres no podían controlar a sus hijos y los echaban de casa, existía un miedo generalizado de las generaciones mayores por sus propios retoños".
En efecto, la película tiene un aire muy "seventy" tanto en su fotografía, fría y algo extraña, como en ropas, peinados, actitudes, decorados, etc. Sus mayores bazas, además de un monstruo que, por omisión de su aspecto, consigue dar miedo y despertar interés, es una banda sonora perfecta, por encima incluso del aspecto visual del film, que "rellena huecos" que la narración de Cohen, algo primerizo todavía, podía dejar en la película. Esta fue un éxito (dicen que batió el record en taquillas de la Warner Bros, que no había tenido un éxito semejante desde "My fair Lady") y resultó lo bastante interesante para que algunos cinéfilos la nombrasen "película de culto". Tuvo dos secuelas, orquestadas por el propio Cohen, y muy inferiores: "Sigue vivo" donde el padre de la primera parte trata de advertir a otra pareja que va a tener un bebé similar, y "La isla de los vivos" donde el número de bebés es mayor, y se decide, por seguridad o quizás, por miedo, recluirlos en una isla. Ambas son películas de serie B solo para completistas, con alguna buena idea, pero faltas de ritmo y buen hacer fílmico, bastante sosas en comparación. La original queda como una curiosa película por si misma, con logros suficientes para merecer el prestigio de que goza hoy en día, entretenida y perfectamente disfrutable.

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