domingo, 25 de noviembre de 2007

La mascara del demonio



La llamada escuela del terror italiana ha conocido genios como Ricardo Fredda, Mario Bava o Dario Argento, pero su calidad ha sido siempre discutible. Muchos críticos acusan a las películas de terror italianas de ser demasiado vacuas, pretenciosas, vacías, exageradas, pasadas de rosca, y mil adjetivos más. Y muchas de esas películas son realmente tal y como las definen. Pero hay una, tan solo una película, que nunca ha sido puesta en duda por nadie, una película que a todos gusta, de obligada parada para cualquier aficionado al cine fantástico que se precie: La máscara del demonio (1960) de ese artesano que es Mario Bava, un mago de la cámara, de la fotografía (pese a los habiuales zooms que salpican sus films) uno de mis directores de cine más valorados. Su prestigio fue puesto en duda siempre, pues alternó obras maestras con películas mediocres, pero el valor de esta, su ópera prima en solitario, es absolutamente incuestionable.
Hace varios sitios, en Rusia, la princesa Asa (una Barbara Steele inmensa, descubierta gracias a este film) es acusada de brujería por su propio hermano, junto con su criado Javutich. Los dos serán atados y azotados, y se les colocará sobre el rostro la "mascara del demonio" una máscara con púas en su interior que es ajustada al rostro por medio de un brutal martillazo. Antes de que dicho castigo se aplique, la bruja Asa jurará vengarse sobre los descendientes de su hermano, y ya muerta, la lluvia impide que su cadáver sea quemado.
Dos siglos después, un carruaje ocupado por el profesor Kruveian y su ayudante André pasará junto a un lúgubre bosque, donde según la leyenda, se encuentra la tumba de la bruja Asa. Pese a las negativas del cochero, los dos hombres echarán un vistazo a una cripta polvorienta, de ajadas tumbas. Un murciélago entra en escena y ataca al profesor, que consigue matarlo, pero durante la lucha, la tumba de la bruja Asa se abre y un poco de la sangre del profesor es suficiente para provocar que esta resucite.

La bruja Asa poco antes de ser ajusticiada

Ajenos a esto, el profesor y su ayudante seguirán su viaje, pero más adelante se encontrarán con una melancólica y hermosa joven que es la viva imagen de la bruja. La chica resultará ser su descendiente directa, Katia, que junto con su taciturno padre y su hermano constituyen una línea de sangre en decadencia, una familia antaño noble y poderosa desterrada por sus miedos, por las supersticiones, por la maldición. Los tres melancólicos seres sobreviven en un castillo derruido y rodeado de bosques descuidados, mirándose en silencio, sabiendo que un asunto del pasado se cierne sobre ellos, presagiando un terrible fin para todos ellos.
Mientras tanto, la bruja despierta a su antiguo criado, Javutich, y le ordena que vaya a por el profesor Kruveian, ya que Asa está débil, y su cuerpo, en estado de descomposición. Para recuperarse del todo necesita más sangre del hombre que le devolvió la vida...
Solo con echar un vistazo a esta breve sinopsis, cualquiera puede darse cuenta de que está ante un film especial, absolutamente único, revolucionador. Rodado en un blanco y negro ténebre, dedudor del expresionismo alemán, se nos cuenta una historia que reúne tantos y tan diversos elementos que es prácticamente imposible aglutinarlos todos en una crítica. La brujería (aquí se ve más bien poco de esto) el vampirismo (Asa y su criado necesitarán sangre de los vivos para completar su resurrección) la inquisición (ese primer plano de Barbara Steele atada, con el pelo revuelto y los ojos llenos de furia junto a una hoguera es impagable) el fuego como elemento purificador, las maldiciones familiares que destrozan generaciones enteras, el destino de inocentes condenados por un pecado cometido en el pasado, el Bien y el Mal juntos (el inevitable plano, los rostros de Asa y Katia juntos en el mismo marco, Asa mirando fría y calculadoramente a su descendiente, Katia, inconsciente, con el rostro pacífico e inocente). Y eso es simplemente quedarse en la superficie. La mascara del demonio es un filme rompedor, de esos que se hacen y se entienden como un paso evolutivo en un medio de expresión, ya sea cine, literatura, pintura... pese a todo, la película no está exenta de fallos, ni mucho menos: algunos fallos de raccord, continuidad, son simplemente espeluznantes, dignos de cualquier novato (se pasa del día a la noche en la misma escena, por ejemplo) si bien, dada la trayectoria posterior de su director, cabe más achacar estos fallos a un tercero que a un descuido del artesano italiano.

El contrapunto de Asa, Katia: mismo rostro, distinta persona

Mario Bava solo conseguiría igualar la maestría de su ópera prima (en solitario, antes había codirigido Calitki, el Monstruo inmortal) con esa obtra brillante joya que es "Las tres caras del miedo" que incluso en el segmento "Los Wurdalaks" llega a superar la maestría de la película que nos ocupa. Bava solo conseguiría, además de esta y la mencionada, buenas películas (Operacion Paura, La fusta e il corpo, Seis mujeres para el asesino, Shock) o divertimentos estilísticos más o menos logrados (Bahía de sangre, Terror en el espacio) y también, mediocres films en su última etapa, como Castillo de sangre o Cinco muñecas para la luna de agosto.
En 1992 se rodó un remake dirigido por el hijo de Bava, Lamberto, con el mismo título, coproducción entre Italia y España, que fue emitida por TVE1. Ni que decir tiene que no se acercaba ni por asomo a la maestría del original (Lamberto Bava siempre ha sido más chapucero que su padre).
Imprescindible si se quiere entender la evolución del cine de género a principios de los sesenta, así como el nacimiento de la escuela del terror italiano. Una obra maestra.

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