martes, 18 de septiembre de 2007

Viernes 13



El éxito de La noche de Halloween fue soberbio. Una historia concisa, sin ninguna estrella de relumbrón, rodada en unas semanas con un presupuesto mínimo y sin el respaldo de ningún estudio, se convirtió en unas semanas en una de las películas más taquilleras de la década. Teniendo en cuenta que costó 330.000 dólares y lleva recaudados 75 millones sin contar con los beneficios de las secuelas, creo que queda patente su calidad y comercialidad. La Paramount era un gran estudio en decadencia. No es de extrañar que, vieno el producto, se decidieran a copiar la fórmula y tener a su propio asesino. Para ello contaron con un guión de Victor Miller, que no es ningún libreto sensacional, pero posee suficientes situaciones espeluznantes, y una dirección de Sean Cunningham (colaborador de Wes Craven en sus comienzos y director de la saga House, una casa alucinante).
La película (de una simpleza bastante evidente) comienza mostrándonos un prólogo en el que, a finales de los años cincuenta, en el campamento de verano Crystal Lake, dos monitores adolescentes son asesinados por un atacante que nunca vemos, pero que ellos conocían.
A principios de los años ochenta, una muchacha, Anne, se dirige al campamento para trabajar como cocinera. En el pueblo cercano le explican que el "campamento sangriento" ha permanecido cerrado desde que unos misteriosos asesinatos lo rodearan de mala fama, pero el hijo de los dueños originales, Steve Christy, está dispuesto a todo por rehabilitar el lugar, y ha gastado una suma importante de dinero. Más tarde, Anne hace auto stop y quien la recoge la lleva al bosque y la asesina.
Pasamos al campamento, donde un montón de chavales más bien descerebrados (un joven y novato actor llamado Kevin Bacon entre ellos) llegan al campamento para ayudar a restaurar la zona. Se dedicarán a pulular por allí, haciendo el ganso, comportándose como los típicos adolescentes, a pesar de que la cocinera no aparece y un viejo y siniestro les advierte "El campamento sangriento está maldito. Si os quedais, todos morireis esta noche". Y, como el viejo profetiza, comienzan los asesinatos...
La película empieza con garra, un prólogo inquetante seguido de la aparición de un personaje (Annie) que solo servirá para que recabemos información acerca de la situación, antes de que la película proporcione otra impactante escena. SIn embargo, desde el momento en que aparece la tribu adolescente, la película pierde enteros y francamente, aburre. Pese a los asesinatos, muy logrados (sin escatimar gore) lo que sucede en pantalla no nos incumbe ni nos "conmueve" para nada. Un grupo de niñatos jugando al Monopoly, bañándose en el lago, gastándose bromas y asustándose mutuamente... sin embargo, hacia su parte final, cuando solo queda una persona con vida, la película no solo recupera fuerza, sino que gana un gran interés al conocer el porqué de lo que está sucediendo. La señora Voorhees (Betsy Palmer, bastante buena) era la cocinera del campamento en los años cincuenta. Un día, su hijo Jason se ahogó en el lago porque los monitores que debían vigilarle estaban demasiado ocupados liándose. Desde entonces, la pobre mamá ha desarrollado un fuerte sentimiento de rechazo hacia los campamentos de verano, y está decidida a mantener Crystal Lake cerrado. La parte final, persecuciín incluida es brillante. Y no os perdáis el final con susto sorpresa, capaz de hacer saltar del asiento al más pintado.
En general, no era para tanto, y menos levantando el revuelo que levantó, pero aunque solo sea por su primer cuarto de hora y el último (y por la importancia que tuvo en el género) merece la pena visionarse. Además, el cine de terror "palomitero" nunca había tenido tanta calidad (ni la volvería a tener, viendo Scream y similares actuales).
Respecto a las secuelas, la segunda y la tercera eran copias de la primera sin personalidad, donde aparecía Jason, que no había muerto, sino que llevaba años viviendo en los bosques que rodean Crystal Lake. En la cuarta parte salía Corey Feldman, y recomiendo su visionado aunque solo sea por el final, el único de la saga a la altura del original. La quinta era pura basura, la sexta y la séptima ni siquiera merecen contarse (en la septima ya entraban poderes magicos de por medio) en la ocho nos prometían a Jason en Nueva York (pero se pasaba toda la película en el barco con destino a dicha ciudad) en la novena ya metían un rollo que si Jason era un demonio, que si podía poseer otros cuerpos, que si su familia estaba maldita por un pacto con el demonio... la décima no la he visto, pero con decir que transcurre en el espacio, creo que es suficiente. Nada bueno bajo el sol.

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